REFLEXIONES  

13 - Enero

FIESTA DEL

BAUTISMO DEL SEÑOR

 
"Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto"

 

 

REFLEXIÓN - 1

" EL GRAN REGALO"

Cuántos niños abrían el domingo pasado los regalos que les habían traído los Reyes Magos...

Qué alegría, qué ilusión, qué caras de felicidad...

Muchos de esos regalos, bonitos, importantes, caros..., de los que anunciaban por la "tele".

Algunos padres se preocuparon de que los regalos no fueran de "usar y tirar", sino que sirvieran para aprender, para educar, es decir, que fuesen útiles para la vida.

Sin embargo, cuántos niños, al tener en sus manos los nuevos regalos de Reyes, olvidan y arrinconan los que poco antes les trajo "Papá Noel" , y mañana olvidarán los de Reyes. Y, aun teniendo las habitaciones hasta el techo de juguetes dirán: "Me aburro".

Aun aquellos juguetes que se compraron para aprender y educar, para que fuesen útiles para la vida, se han quedado arrinconados, pues los padres no les han enseñado a utilizarlos; los compraron porque estaban de moda, porque quedaba bien comprar ese tipo de regalos...; pero en el fondo no les interesaban.

Celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, con la que cerramos el tiempo de Navidad.

Cuando Jesús se acerca al bautismo de Juan, el Padre y el Espíritu Santo, lo ratifican como "el Hijo, el amado, el predilecto".

Juan nos dice que Jesús nos hará un gran regalo, de marca, no como el que regala él, que es un bautismo con agua. Jesús nos regalará un bautismo en Espíritu Santo y fuego. Bautismo que nos hace como él: hijos de Dios y, por lo tanto, amados y predilectos; bautismo que, perdonando nuestros pecados, nos hace personas totalmente nuevas, purificadas, como el metal al que el fuego ha quitado todas las impurezas; bautismo que nos hace templos de Dios en los que habita el Espíritu Santo.

Pero este regalo, para que sea eficaz, educativo, para que sirva para la vida, hay que utilizarlo.

Cuántos padres piden este regalo para sus hijos y, después, se queda arrinconado. No utilizan el que les regalaron a ellos y no se preocupan de que aprendan sus hijos a utilizar el suyo.

Pidieron el bautismo para sus hijos porque quedaba bien, porque todo el mundo lo hacía; en el fondo, no estaban interesados.

Y el regalo que nos han hecho no ha sido barato: Jesús ha entregado su vida en la cruz.

Un regalo caro: ha costado la vida al Hijo de Dios; un regalo valioso: nos ha hecho hijos de Dios, amados y predilectos, y templos del Espíritu Santo, que habita en nosotros: un regalo duradero: nos abre las puertas del Reino, donde viviremos para siempre con Dios; un regalo que nos hace familia de Dios y nos une a Jesucristo, en su vida y en su misión; es un regalo, en fin, que nos compromete a vivir de tal manera que todos deseen de verdad este regalo que Dios nos hace por medio del Hijo. 

 

REFLEXIÓN - 2

" FIN Y COMIENZO "

Hoy es el último día del tiempo de Navidad. La "manifestación" de Dios y su acercamiento a nuestra historia han tenido etapas sucesivas: la espera del Adviento, el gozo del Nacimiento, la fiesta de la Madre, la invitación a los pueblos paganos en los Magos... Ahora, con el Bautismo de Jesús en el Jordán, se completa esta manifestación y se proclama su misión de Mesías ante todo el pueblo.

El bautismo de Jesús es una escena importante en el evangelio: en él se nos anuncia claramente que Jesús es el predilecto de Dios, su Mesías y Enviado, lleno de su Espíritu, dispuesto a iniciar su misión de Maestro y Salvador.

Isaías ha hecho como un retrato profético en el "canto del Siervo" que hemos leído: "mirad a mi Siervo, mi Elegido, a quien prefiero: sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones....".

Lucas en el evangelio nos ha dicho cómo se cumple este retrato de Jesús de Nazaret. Se abre el cielo (¿no ha sido todo el tiempo de Navidad la celebración de cómo se ha abierto el cielo y cómo Dios ha querido hacerse de nuestra historia?), se oye la voz de Dios: "tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto" (la misma descripción de Isaías) y baja el Espíritu sobre él (también el profeta decía que sobre el Siervo descendía el Espíritu de Dios).

El que es llamado por Dios y enviado a una misión recibe, en la Biblia, para que pueda cumplir bien esta misión, la fuerza y el Espíritu de Dios. Aquí, Jesús inaugura el ejercicio oficial de su vocación mesiánica: su Bautismo es una verdadera teofanía y epifanía de Jesús como Mesías, Profeta y Salvador.

Después del tiempo de Navidad, la fiesta del Bautismo de Jesús es como un puente de unión, como el programa para todos los domingos del nuevo año. Escucharemos la voz del Enviado de Dios, no de un profeta cualquiera. El Jesús que se nos ha manifestado en la Navidad o en Epifanía, va a ser nuestro Maestro, de parte de Dios. Hoy comienza su misión.

Isaías describe el estilo de actuación del futuro Siervo: "no gritará, no voceará por las calles...." El elegido de Dios trabajará a favor de la justicia y el derecho. Pero lo hará con un estilo propio: no con la violencia, no a gritos, sino con suavidad. La caña que está a punto de romperse, no la acabará de quebrar. Al contrario, la ayudará a mantenerse. Abrirá los ojos de los ciegos, libertará a los cautivos...

Es exactamente el retrato que nos hace Pedro en la segunda lectura y el que aparece a lo largo del evangelio: Jesús "pasó haciendo el bien". Siempre comprensivo y servicial, cercano a los débiles y los marginados. La misión mesiánica, de parte de Dios, y lleno de su Espíritu, la cumple Jesús curando a los enfermos, consolando a los atribulados, perdonando a los pecadores, resucitando a los muertos, enseñando y proclamando a todos la buena noticia de la salvación.

En el evangelio de hoy, Lucas nos dice cómo Jesús, aun sin tener pecado, se pone en fila con los que acuden a recibir el Bautismo de la conversión en el Jordán: es la solidaridad con los pecadores y con toda la humanidad que empezó ya en su Nacimiento, que sigue en esta escena, y que culminará con su Muerte en la Cruz.

Concluimos la Navidad mirando a ese Jesús que a lo largo del año va a ser nuestro Maestro, nuestro Salvador. El Mesías que Dios nos ha enviado, lleno de su fuerza y su Espíritu.

Pero todos participamos de su misión mesiánica de alguna manera: por los sacramentos de iniciación hemos renacido como hijos de Dios y hemos sido incorporados a Cristo como pueblo sacerdotal (bautismo), hemos recibido el don y la fuerza del Espíritu para cumplir nuestra misión en el mundo (confirmación) y nos hemos incorporado a la comunidad eucarística (primera comunión). Si El era el Ungido (Cristo y Mesías significan lo mismo: el Ungido, o sea, el que ha sido lleno del Espíritu de Dios), nosotros también somos ungidos, "cristianos", y Dios nos ha encomendado una misión. La iglesia en Pentecostés, y nosotros en la Confirmación, hemos recibido el Espíritu de Dios para esa misión. Como Cristo la cumplió radicalmente, nosotros también somos invitados a ser consecuentes con nuestro Bautismo y Confirmación, testigos de Dios y su Buena Noticia en el mundo de hoy. La Eucaristía dominical (o la diaria, para algunos) son nuestro alimento y nuestra continua reorientación a la escuela y a la mesa de Cristo.

Es bueno que nos miremos también al espejo de Cristo en el estilo de vida con que El cumplió su vocación. También nosotros, en medio de este mundo, somos ungidos a trabajar por la justicia y la verdad, para hacer triunfar los valores de Dios: pero no con la violencia o la impaciencia, sino con la comprensión, la servicialidad, y con la entrega total de nosotros mismos. De modo que se pueda decir también del seguidor del Mesías: "pasó haciendo el bien, curando, enseñando... porque Dios estaba con él".

J. ALDAZABAL
(Mercabá)