IIº Domingo de Navidad

"La Palabra se hizo carne..."

 

Eucaristías anteriores

 

 

   
Introducción Ecos del día de Navidad
Primera Lectura Eclesiástico 24, 1-2. 8-12
Salmo Responsorial

Salmo 147

Segunda Lectura Efesios 1, 3-6. 15-18
Evangelio Juan 1, 1-18
Reflexión 1 "A Dios nadie lo ha visto jamás"
   

 

INTRODUCCIÓN

" ECOS DEL DÍA DE NAVIDAD "

Este domingo es como un eco de la fiesta de Navidad, de la que toma las antífonas y oraciones de la misa del día, así como el evangelio.

Como en la tercera de las misas de aquella solemnidad se contempla lo profundo e invisible del misterio de Dios hecho hombre.

a cerca de esto resulta interesantísimo comparar el texto del libro del Eclesiástico que se lee en primer lugar con el prólogo del evangelio según San Juan que también se proclama hoy; en aquel pasaje los sabios de Israel parecen intuir que su severo monoteísmo dejaba lugar a una actividad y presencia divina en medio de su pueblo que manifestaba una vida inferior en Dios más rica y difusiva que lo descrito por la filosofía clásica.

Cristo aparece hoy como la Sabiduría y la Palabra del Padre, enviado a plantar su tienda nómada en medio de un pueblo peregrinante que no lo supo reconocer ni recibir.

Los que sí lo hemos acogido llegamos a ser hijos de Dios, como lo anuncia el evangelio, con aquella predestinación y adopción de que trata también San Pablo en la segunda lectura.

 

   

PRIMERA LECTURA
Eclesiástico 24, 1-4.12-16

Estas palabras pertenecen a un canto en el que la Sabiduría hace su propio elogio. Constituyen la parte central del libro del Eclesiástico, conocido también con el nombre de "Sabiduría de Jesús Ben-Sirac".
       La Sabiduría de Dios se introduce aquí en primera persona, se trata de una personificación poética semejante a la usual en nuestros autos sacramentales.  
        Sin embargo, esta función literaria ha dado pie para interpretar el texto refiriéndolo al Verbo o Sabiduría del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad.

 

PRESENTACIÓN

El c. 24, por la riqueza de contenido y por la belleza de forma, es el más importante de todo el libro y constituye una de las cimas de toda la literatura sapiencial. Se desarrolla en dos partes: la primera es un discurso a la sabiduría (vv. 1-30); la segunda son reflexiones personales del autor (vv. 32-47).

La sabiduría en persona canta a sus propias excelencias. De alcance cósmico y transcendente, la sabiduría ha venido a habitar en Israel y ha plantado sus reales en Jerusalén. De ahí que a Israel, es decir a la asamblea del Altísimo, dirige su discurso en presencia de Dios todopoderoso.

La sabiduría se identifica por una parte con la palabra de Dios, presentada en forma de persona, y por otra como una niebla que cubre la tierra, a la manera del espíritu que cubría la superficie del caos al comienzo de la creación (Gén 1, 2).

Antes de manifestarse a los hombres, la sabiduría preexistía ya junto a Dios, es decir tenía su morada en las alturas, en una especie de trono sostenido por las nubes a modo de columnas.

La sabiduría ha recorrido el mundo entero como si anduviera buscando un lugar de reposo entre los mortales. Entonces recibió de Dios orden de establecerse en Jacob para convertirse en la posesión o en la herencia de Israel. Esta encarnación en medio de los hombres no afecta para nada la transcendencia de la sabiduría, creada antes de todos los siglos, desde el principio, y destinada a subsistir por toda la eternidad. Dentro de Israel, la sabiduría ejerce su ministerio en la santa morada, en Sión. Ha sido ella la que ha inspirado al pueblo elegido una liturgia digna de la santidad de Dios. Esta elección divina y esta presencia de la sabiduría han hecho de Jerusalén la ciudad escogida.

Eucaristía

(mercaba)

LECTURA DEL LIBRO DEL ECLESIÁSTICO 24, 1-4. 12-16

La sabiduría hace su propio elogio,
se gloría en medio de su pueblo.

Abre la boca en la asamblea del Altísimo
y se gloría delante de sus Potestades.

En medio de su pueblo será ensalzada
y admirada en la congregación plena de los santos:
recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos
y será bendita entre los benditos.

Entonces el Creador del Universo me ordenó,
el Creador estableció mi morada:
—Habita en Jacob,
sea Israel tu heredad.

Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y no cesaré jamás.

En la santa morada, en su presencia ofrecí culto
y en Sión me estableció;
en la ciudad escogida me hizo descansar,
en Jerusalén reside mi poder.

Eché raíces en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad.

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 147

PRESENTACIÓN

Este salmo, en el texto hebreo, es la segunda parte del salmo 146 y  continuación del mismo tema: Himno de alabanza a Dios Señor de todo y cuya bondad se  manifiesta en toda clase de beneficios.

Para los pueblos rurales de otros tiempos, la  "ciudad", rodeada de murallas y protegida por sólidas puertas, era el símbolo de la  seguridad. Para los pueblos flagelados por el hambre, el "pan" en abundancia es símbolo  de la felicidad y de la vida. Para los pueblos de países cálidos, los fenómenos  meteorológicos del invierno (nieve, escarcha, hielo) ocurren raras veces y son símbolos de  lo irreal, de lo sobrenatural, de lo admirable... Maravillas que sólo Dios puede realizar.

Pero  Israel no olvida nunca que el mayor beneficio es el maravilloso don de la "Ley", de la  "alianza" de Dios con su pueblo: ningún otro pueblo fue tratado de igual manera, ningún  otro pueblo conoció sus voluntades.

Estos dos temas, el de la intervención de Dios en la  historia y el de la intervención de Dios en la naturaleza están estrechamente unidos por el  tema de la "Palabra", del "Verbo" de Dios: es el mismo Dios "que se expresa" en los dos  casos... Y las maravillas del cosmos son como la garantía de la verdad de su ley.

El hombre  que conoce la voluntad de Dios tiene la posibilidad de saber "la ley de su ser": es una  seguridad de éxito. Lejos de considerar la ley como una sujeción o un peso, Israel la  considera como liberadora. Se la ama, como la luz que permite caminar sin vacilar. Saber lo  que es "bueno para el hombre", saber "lo que lo destruye", ¡qué beneficio! 

(SALMO 147)

R/. LA PALABRA SE HIZO CARNE Y ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS

Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina;
él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

 


 

SEGUNDA LECTURA
Efesios 1, 3-6. 15-18

La Iglesia no es una resultante histórica o puramente democrática de los creyentes en Cristo, sino un proyecto concebido por Dios desde la eternidad. Por eso es inútil crear y organizar una comunidad eclesial sin partir de esta conexión sobrenatural con Dios.

 

PRESENTACIÓN

La lectura consta de la primera parte del himno inicial de la carta (vs. 3-6) y de un final (15-18), común a todo el himno, lo cual resulta una distribución extraña desde el punto de vista del texto.

En esos versos iniciales aparece claramente la acción de gracias-bendición por la predestinación y elección de los hombres por parte de Dios. A menudo la palabra "predestinación" se usa en otro sentido. Pero bíblicamente hablando sólo se puede mencionar una predestinación: la que Dios hace para que todos los hombres sean hijos suyos. Santidad y filiación van unidas en este texto.

Pero no parece acertado interpretarlo como si primero viniese la santidad e irreprochabilidad y luego, como una especie de premio, la filiación. Lo contrario es más correcto: primero Dios destina a los hombres, aun antes de crearlo, a participar de su propio ser, de su vida, a ser sus hijos... Y luego, como consecuencia lógica, la santidad. Este destino, anterior a cualquier actividad meritoria humana es la mayor bendición recibida por y en Cristo.

Por ella damos gracias. El texto destaca, por un lado, la gratuidad e iniciativa de Dios. Por otra, la consecuente apertura del hombre a este proceso, a través de la fe. Actividad humana que es de respuesta y aceptación también, nuevamente, en el Espíritu y como don de Dios también ella.

F.Pastor

(mercaba)

LECTURA DE LA CARTA A LOS EFESIOS 1, 3-6. 15-18

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales, en el cielo.

Ya que en El nos eligió, antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia, por amor.

Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo, conforme a su agrado; para alabanza de la gloria de su gracia, de la que nos colmó en el Amado.

Por lo que yo, que he oído hablar de vuestra fe en Cristo, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama y cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN

Gloria a ti, Cristo, proclamado a los paganos.

Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.

 

EVANGELIO
Juan 1, 1-18

Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios a la humanidad. Y es una Palabra asequible, porque no se ha encerrado en el recinto imperial de una «ciudad prohibida», sino en la tienda de campaña de esta humanidad itinerante y peregrina.

 

PRESENTACIÓN

El prólogo del evangelio de Jn es un himno solemne -en siete estrofas de estructura semita- al Logos, al Verbo, revelación del Padre en Cristo. En este prólogo están ya presentes los grandes temas del evangelio: el Verbo, la vida, la luz, la gloria, la verdad. Y las fuertes contraposiciones: Luz-tinieblas; Dios-mundo; fe-incredulidad. Dos veces resuena la voz del testigo: Juan Bautista.

Las tesis que presenta son las mismas que las del evangelio. La idea de fondo es la plenitud de la revelación que nos ha traído el Verbo. Ha salido del Padre y se ha hecho hombre. También de la Sabiduría se dice que estaba en Dios (Pr 8. 30), pero la sabiduría era una personificación literaria. La Palabra en cambio, es una persona, es Dios, es la última palabra que Dios ha pronunciado (Hb 1. 3).

En la Palabra hay vida y la vida era luz. Luz que brilla en las tinieblas. La llegada de Jesús divide la historia en dos partes. Tinieblas antes de Jesús, luz después de él y nos coloca en una alternativa: ser hijos de la luz o hijos de las tinieblas.

Jesús es la luz verdadera no tanto en contraste con Juan sino con el A.T. Es la luz verdadera porque en él se cumplen las promesas.

La Palabra se hizo carne. Así clarifica que la revelación definitiva de Dios no es una sombra, un sueño, una ilusión sino una realidad tangible. Juan lo reafirma en el prólogo de su primera carta.

Ha venido para acampar entre nosotros. Este ha sido siempre el modo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Desde la revelación en el Sinaí, Dios ha estado en medio de su pueblo. La tienda primero, el templo después, fueron los modos de presencia. Ahora esta presencia se ha hecho real y viva con la vida del hombre. La encarnación es el primer momento de esta morada de Dios entre los hombres y tendrá su realización plena en la resurrección.

P. Franquesa

(mercaba)

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN  1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.

[Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe
No era él la luz,
sino testigo de la luz.]

La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne,
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.

[Juan da testimonio de él y grita diciendo.
—Este es de quien dije: «El que viene detrás de mi, pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

Palabra del Señor

 

REFLEXIÓN - 1

"A DIOS NADIE LO HA VISTO JAMÁS"

Hermanos: acabamos de escuchar en el evangelio: "A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer". Palabras que resumen lo que significa aquello que denominamos la Encarnación de Dios, la Revelación-Manifestación de Dios. Palabras que podrían basar el comentario de este domingo. Permitid que lo haga brevemente.

-"A Dios nadie lo ha visto jamás"

Primera afirmación, que quizá pueda parecernos sorprendente por lo que tienen de negación de un Dios conocido, hecho a nuestra medida. Casi podríamos decir que hay en este texto, el evangelio de Juan, del prólogo de su evangelio, algo de "ateísmo" en el sentido de negar -de poner en crisis, en duda- nuestro conocimiento de Dios. Dice el evangelio de Juan: "A Dios nadie lo ha visto jamás".

Es decir. NO PODEMOS SENTIRNOS SEGUROS DE CONOCER A DIOS. ¿Qué Dios conocemos? ¿No nos enseña la historia -y la realidad cotidiana- que muchos se han hecho una imagen o una concepción de Dios muy a la medida de las propias convicciones? ¿Qué pruebas tenemos de que el Dios que afirmamos conocer sea el Dios real? Decía uno de los mayores teólogos de la historia de la iglesia, santo Tomás de Aquino, que de Dios sabemos más lo que no es que no lo que es. Porque Dios es siempre más de lo que imaginamos, distinto de lo que suponemos, trascendente, más allá de nuestros esquemas y suposiciones.

De ahí que, el cristiano, en primer lugar, deba reconocer que partimos de un desconocimiento de Dios. Dicho de otro modo: que no podemos estar seguros de que Dios sea como lo imaginamos.

¿Por qué? Porque, como dice el evangelio que hoy hemos leído, "a Dios nadie lo ha visto jamás".

-"El Hijo es quien lo ha dado a conocer"

Pero inmediatamente el evangelio añade: "el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer". Esta es la gran afirmación propia de este tiempo de Navidad y Epifanía que estamos celebrando. "La Palabra -el Hijo de Dios- se hizo hombre y acampó entre nosotros". Este es para nosotros el camino, éste es para nosotros la luz, éste es para nosotros la Palabra.

CONOCEMOS QUIEN ES DIOS, COMO ES DIOS PORQUE CONOCEMOS A JESÚS de Nazaret, al Jesús del que nos hablan los evangelios, al Hijo de Dios que el Espíritu de Dios hace presente en nuestra vida.

No hay otro camino. Nuestro modo de entender, de imaginar a Dios, debe pasar -debe alimentarse y criticarse- según el ejemplo, la vida, la palabra de Jesús. Porque -esta es nuestra fe- es El, Jesús, el Hijo de Dios, quien nos lo ha dado a conocer. Nuestro Dios es el Dios y Padre de Jesucristo. Ningún otro. Ser cristiano es adherirse a este anuncio del Padre que hace Jesús, en su vida y con su palabra. Sólo esta Luz puede llevarnos a Dios; no nuestras imaginaciones, nuestras suposiciones.

-Cada domingo

Hoy celebramos el primer domingo de este año 2010. Cada domingo, durante este año, nos reuniremos para escuchar la Palabra que es Jesucristo, para abrirnos a su Luz, para participar y comulgar con su Vida. Vida que es de Dios para nosotros.

Me atrevería a proponer, como UN PROPÓSITO DE AÑO NUEVO, que cada uno de nosotros, cada domingo, sepa escuchar y recibir esta palabra de Dios como una palabra que critica todo lo que hay de defectuoso en nosotros y nos ayude a abrirnos a la Vida que es de Dios. Para avanzar, cada semana, con esfuerzo y esperanza, por el camino que Jesús nos dejó. Un camino que no necesariamente coincide con lo que nosotros pensamos. Recordemos lo que hemos leído -como severa amonestación- en el evangelio: "los suyos no la recibieron". No suceda que también nosotros nos creamos "suyos" -los fieles seguros de sus concepciones y costumbres- y no sepamos recibir y acoger, como Palabra nueva y renovadora, la palabra evangélica de Jesús.

JOAQUIM GOMIS

(MERCABA)

   

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