EL CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA HACE UNA LLAMADA A SUPERAR LA CULTURA DE LA MUERTE

«Frente a la cultura de la muerte y superándola, nos declaramos Vividores, con mayúscula: apasionados descubridores y defensores de la belleza, del misterio, del significado y del milagro presentes en cada vida humana». Con estas palabras concluye el manifiesto del 22º Congreso Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y la Fundación Universitaria San Pablo CEU que ha celebrado este domingo su última sesión.

En el acto de clausura han intervenido el vicepresidente de la ACdP, José Masip Marzá; el director del congreso, Rafael Sánchez Saus; y el presidente de la ACdP y del CEU, Alfonso Bullón de Mendoza.

En las conclusiones, los miembros de la ACdP y los participantes en el 22º Congreso Católicos y Vida Pública manifiestan públicamente su «disposición a proteger y defender la vida humana». Y lo rubrican en un texto de 25 puntos en el que concretan algunas propuestas para decir sí a la vida humana del concebido no nacido; sí a la maternidad; sí a la familia; sí a la vida en momentos de vulnerabilidad; sí al Evangelio de la vida; sí a la vida en los medios de comunicación; y sí a la cultura de la vida.

«Cada vida humana es un don y una tarea. […] Cada vida es afirmación, gozo y significado, Las vidas no se descartan, no se catalogan, no se archivan, ni son posible moneda de cambio. Por su naturaleza única, desbordan las estadísticas y los presupuestos económicos. Su valor intrínseco va mucho más allá», se puede leer en el texto.

En este sentido, rechaza cualquier visión de la persona que ignore la dimensión trascendente y única de cada vida humana y defiende que cada vida se manifiesta «en relación con y para otros». «Somos, existimos, gracias a nuestros padres; somos y existimos en la entrega de lo que somos y hacemos: nuestro abrazo, nuestros pensamientos, nuestras acciones cobran significado por y para los otros. Vivimos para estos encuentros, somos familia para los demás, en un sentido profundo y universal», recoge.

Tras reconocer que las vidas humanas sufren violencia desde su concepción hasta su momento final, añade que hoy se libra una «dura batalla contra la cultura de las tinieblas y de la muerte». Y concluye: «No queremos abdicar de nuestro deber de proclamar y defender que todas las vidas importan, que todas son valiosas, que todas merecen respeto, protección y ayuda».

Pacto de Estado por la vida y la familia

Entre otras, cuestiones se recoge el compromiso de «promover y sensibilizar a la ciudadanía y a nuestros políticos de la necesidad de llegar a un pacto de Estado sobre la vida y la familia». Un pacto que debería incluir medidas de conciliación familiar, el establecimiento gratuito de las guarderías, incentivos fiscales para cada nacimiento, apoyo a la maternidad vulnerable…

«Un pacto –continúa– donde se planteen líneas estratégicas claras, más allá del partido que gobierne, y creen, por lo menos en estas cuestiones, un entorno estable».

La experiencia de las Sisters of Life

Previo al cierre de este Congreso Católicos y Vida Pública, han participado hermanas de Sisters of Life una congregación que, a los tres tradicionales, han agregado un cuarto voto: «Proteger y realzar el carácter sagrado de la vida humana». Cuentan, para ello, con el mejor aliado: «el amor de Dios». Es lo que encuentran las personas que acuden a las diferentes misiones de la congregación: «Mujeres que se enfrentan con un embarazo inesperado, mujeres y hombres que sufren los efectos de un aborto provocado y corazones quebrantados de este tiempo, heridos por una creciente cultura de la muerte», ha relatado la hermana Cristina Duque de Seras.

La jornada comenzó con una Eucaristía presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y retransmitida por La 2 de RTVE. El purpurado ha recordado que en el contexto social en el que vivimos «el papel de los católicos en la vida pública es fundamental».