CUARESMA - QUINTA SEMANA 

CUARESMA Y  SEGUIMIENTO DE CRISTO

       

LA VOCACIÓN DE SER DISCÍPULOS DE JESÚS

 

En medio de la crisis de valores que vivimos hoy, del desgarro por la seducción de modelos engañosos y fugaces y la frustración por la incapacidad de alcanzar el bienestar y la felicidad; en medio de los intentos salvajes del mercado que pretenden convertir a todos en sujetos consumidores, los discípulos de Jesucristo estamos llamados a vivir y proponer otro camino: el de la dignidad humana y la libertad, la participación, la solidaridad y la austeridad de vida, la gratuidad y el servicio a los demás en un amor obediente y oblativo, aprendido en el continuo seguimiento de Jesús, nuestro Maestro. Existe en nuestra cultura una resistencia muy grande a mirar de frente el misterio de la Cruz en la vida propia y ajena. La tendencia es huir e ignorar todo lo que es sufrimiento, dolor y muerte; a camuflarlo, esconderlo, por temor a mirar el fondo de su realidad inexorable y punzante. Ante esta realidad, nosotros discípulos de Jesús estamos llamados a proponer, mediante el testimonio de la propia vida, el valor de tomar la cruz y seguir al Maestro, quien pasó primero ese camino por nosotros.

El llamamiento que hace Jesús, el Maestro, conlleva una gran novedad: Jesús invita a encontrarnos con Él y a que nos vinculemos estrechamente a Él, porque es la fuente de la vida (cf. Jn 15, 5-15) y sólo Él tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6, 68). En la convivencia cotidiana con Jesús, no son los discípulos que escogieron a su Maestro, sino fue Cristo quien los eligió. Por otra parte, ellos no fueron convocados para algo (purificarse, aprender la Ley...), sino por Alguien, elegidos para vincularse íntimamente a la Persona de Jesús (cf. Mc 1, 17; 2, 14), para seguirlo con la finalidad de "ser de Él" y formar parte "de los suyos" y participar de su misión. El discípulo experimenta que la vinculación íntima con Jesús en el grupo de los suyos es participación de la Vida salida de las entrañas del Padre, es formarse para asumir su mismo estilo de vida y sus mismas motivaciones (cf. Lc 6, 40b), correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas.

En la parábola de la Vid y los Sarmientos (cf. Jn 15, 1-8), Jesús revela el tipo de vinculación que Él ofrece y que espera de los suyos. No quiere una vinculación como "siervos" (cf. Jn 8, 33-36), porque "el siervo no conoce lo que hace su Señor" (Jn 15, 15). El siervo no tiene entrada a la casa de su amo, menos a su vida. Jesús quiere que su discípulo se vincule a Él como "amigo" y como "hermano". El "amigo" ingresa a su Vida, haciéndola propia. El amigo escucha a Jesús, conoce al Padre y hace fluir su Vida (Jesucristo) en la propia existencia (cf. Jn 15, 14), marcando la relación con todos (cf. Jn 15, 12). El "hermano" de Jesús (cf. Jn 20, 17) participa de la vida del Resucitado, Hijo del Padre celestial, por lo que Jesús y su discípulo comparten la misma vida que viene del Padre, aunque Jesús por naturaleza (cf. Jn 5, 26; 10, 30) y el discípulo por participación (cf. Jn 10, 10). La consecuencia inmediata de este tipo de vinculación es la condición de hermanos que adquieren los miembros de su comunidad. Jesús nos hace familiares suyos, porque comparte la misma vida que viene del Padre y nos pide, como a discípulos, una unión íntima con Él, obediencia a la Palabra del Padre, para producir en abundancia frutos de amor. Así lo atestigua san Juan en el prólogo a su Evangelio: "A todos aquellos que creen en su nombre, les dio capacidad para ser hijos de Dios", y son hijos de Dios que "no hacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nace de Dios" (Jn 1, 12-13). Como discípulos y misioneros, estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe y a anunciar que Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad, "en el aspecto más paradójico de su misterio, la hora de la cruz. El grito de Jesús: 'Dios mío, Díos mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15, 34) no delata la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre en el amor para la salvación de todos".

El Espíritu Santo, que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús-Camino, abriéndonos a su ministerio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros "tengan vida en Él". 
                                                                                                          Guillermo Muñiz Vargas

Oración de la quinta semana de cuaresma

Quiero seguirte Señor

 

        A pesar de las incomprensiones de los demás.

        A pesar de mis momentos débiles.

        A pesar de las horas de cansancio.

        A pesar de...

       Quiero ser dichoso con los que te siguen con corazón sencillo:

       Con los pobres que sienten necesidad de Ti.

        Con los que sufren en su caminar por la vida.

        Con los que trabajan por implantar la justicia.

        Con los de corazón puro.

        Con los que llevan consigo la paz, y la transmiten.

        Con los que...

        Señor, hago opción por ser de los tuyos:

        Opto por desterrar de mí la hipocresía, la ostentación, el lujo.

        Opto por tener un corazón abierto para dar y recibir el perdón.

        Opto por atesorar en el Cielo, gastando mi vida por los demás en la tierra

        Opto por...

        Yo te sigo:

          He querido poner la mano en el arado y emprender el camino que tú seguiste.

          Haz de mí un hombre recio.

          Haz de mí un hombre decidido a no dejar rincones de mi vida sin abrirlos.

         Haz de mí...

AYÚDAME, Señor, a ser fiel a mi opción por Ti.