ORAR ES UN ENCUENTRO
CON EL PADRE
LARGO E INTENSO

El camino que nos lleva al encuentro es largo e intenso, pero es una ruta sencilla que pueden recorrerla grandes y pequeños, gente muy "ocupada" y gente que se puede "dedicar más".

Para "entrar" en este camino hace falta tener sed, nostalgia y deseo; empezar a andar sabiendo que él nos llama y nos espera. Buscar "esos" momentos fuertes de encuentro. Y vivir en todo:

- La esperanza.

- La atención

- La sencillez.

- La simplicidad de vida.

- La transparencia

- La súplica.

- La presencia,

y también el silencio.

Ese que nos conduce a la "otra orilla", a la playa del encuentro, y nos lleva a escuchar, mirar, "estar atentos" y esperar.

Quien quiera llegar al encuentro contemplativo ha de hacerse peregrino del silencio, convencido de que si no calla todos los "ruidos" distorsiona- dores, no podrá escuchar a Dios. Y si no abre su vida a un amor concreto y sencillo de cara a los demás, no le será posible encontrar a Dios-Amor.

CUARENTA DÍAS DE RODILLAS

La lectura de la Palabra de Dios nos lleva a una más intensa oración

La reforma que hay que cumplir en Cuaresma no se puede realizar sin la ayuda de Dios. Es El el que purifica nuestro ser, el que nos renueva, el que convertirá nuestro viejo Adán en el nuevo Cristo.

Y por eso nos ponemos en oración: pedid y se os dará, buscad y encontraréis.

La Iglesia en oración. Sobre todo en Cuaresma. Para que no nos creamos que con el ayuno y los demás ejercicios ascéticos que podemos emprender en este tiempo, somos nosotros los que merecemos la nueva vida. Es Dios. Y la Iglesia, consciente, se pone en actitud de oración, pidiendo la salvación pascual para la comunidad entera y para cada uno de sus miembros.

Pablo VI, al iniciarse la Cuaresma de 1964 en una audiencia general se preguntaba: "¿Qué debe decir el Papa a los que se le acercan en esta época de la Cuaresma? Debe decir esto, nos parece: hijos míos, rezad. Rezad un poco más. Procurad rezar bien. Procurad uniros a la oración de la Iglesia, la cual en este período de preparación pascual, multiplica sus oraciones y les da un desarrollo de ritos y de fórmulas riquísimo y hermosísimos".

Oración personal, pues, y oración litúrgica, colectiva. En unión de toda la Iglesia y de la comunidad a la que pertenecemos.

EN DIOS,
PADRE MISERICORDIOSO, RECONCÍLIATE CON La naturaleza

Cuando miramos las apariencias, no penetramos el misterio del ser y de la vida; no captamos el valor del conjunto de la Creación, de la vida entera; no acertamos a leer los signos de los tiempos y nos cerramos a la trascendencia.

Hace falta acostumbrarnos a contemplar para ver en profundidad y mirar las cosas, la naturaleza con amor. A causa de nuestra ceguera no vemos el verdadero valor de las cosas creadas, cuando en realidad tendríamos que estar alabando, dando gracias por la vida, por la salud, por el aire que respiramos, por el sol que nos calienta... pero no vemos nada, o sólo vemos lo malo, las catástrofes... la vida nos pasa. Y en lugar de vivir nos "des-vivimos". Vivimos angustiados, agitados, llenos de miedo.

Necesitamos reconciliarnos con la vida toda, con la naturaleza para descubrir en ella un Sacramento de Dios que nos salva y nos alimenta, que apaga nuestra sed e ilumina nuestras tinieblas y enciende en nuestros corazones un fuego de amor que transforma la vida, que levanta el pensamiento y nos ayuda a rendir nuestra fuerza enamorada a la voluntad de Aquel que hizo todo de la nada.