ORAR ES UN ENCUENTRO
CON EL PADRE
EN MEDIO
DE LA NOCHE

Dios se manifiesta con claridad de luz en medio de la noche. De aquí que el que quiera orar, ha de buscarle con amor, porque quiere conocerle y ansía ver su rostro, percibir su presencia y sus pasos en la vida.

Para encontrar a Dios descubrimos que el único camino para hallarlo es la entrega generosa, el abandono en sus manos. Al fin y al cabo, en el bautismo nos convertimos en "propiedad de Dios" e hijos suyos, en "lugar de encuentro" con Él.

Y es en la oración, "umbral del encuentro" donde reconocemos que Dios es el Padre que "ya" vive en nosotros y es "Misterio de vida y Amor" en el que deseamos entrar, "aunque es de noche", que diría San Juan de la Cruz

 

 

CUARESMA CON CRISTO

No tenemos que perder de vista esta compañía: nosotros no hacemos una Cuaresma nuestra. No estamos solos en la subida a la Pascua.

Cristo, que una vez y para siempre subió a la muerte para merecer la vida, sigue con nosotros y en nosotros el mismo camino. Hoy, con una actualidad misteriosa pero realísima, se nos hace compañero de viaje, para realizar en nosotros su Cuaresma y su Pascua, la obediencia y el triunfo, la muerte y la vida.

Lo importante de la Cuaresma es incorporarse a esa carrera de Cristo que muere y se levanta a una existencia nueva de resucitado. Lo importante es realizar con la ayuda de Dios en lo más hondo de nuestra persona esta "conversión", paso pascual de las sombras en que siempre andamos metidos, a la plena luz.

Los medios exteriores de la "observancia cuaresmal", son muy útiles, tienen su importancia. Pero siempre como expresión de la postura interior, del empeño personal, y sobre todo, como expresión de la acción interior de Dios, que obra con nosotros la gran renovación pascual.

En este sentido, la Cuaresma es signo exterior de una realidad interior de conversión y de gracia de Dios que nos renueva para la Pascua.

 

 

EN DIOS,
PADRE MISERICORDIOSO, RECONCÍLIATE CON LOS HERMANOS

El camino de la reconciliación con Dios pasa por el hombre.

Respetar a las personas, mirarlas con amor, no humillarlas... es ponerse en sintonía con Dios, con Jesucristo que "pasó por el mundo haciendo el bien", "perdonando a los pecadores"

¡Cuántas veces hemos atropellado con nuestros gestos y palabras a nuestro prójimo!. Pero Jesucristo nos enseña otros comportamientos. Su misericordia nos alcanza a todos y pone en evidencia la calidad de mi amor hacia el prójimo.

 

De aquí la necesidad de que cada uno reflexione en silencio sobre su actitud concreta de perdón y respeto hacia los demás, para evitar, en adelante, juicios apresurados, condenas que no resisten la mirada del Padre, que distribuye perdón sin medida y nos entregó a su Hijo sin reservas y sin exigir nada a cambio.