REFLEXIONES  

29 - Marzo

CUARESMA
QUINTO DOMINGO

 
"  "Yo soy la resurrección
y la vida "

 

 

REFLEXIÓN - 1

SÍ A LA VIDA

"Yo soy fuente de agua viva", nos decía Jesús hace dos domingos en el evangelio de la samaritana. Quien tenga sed, quien no esté saciado del agua de las charcas, de aguas estancadas, venga a mí y ya no tendrá más sed.

"Yo soy la luz", nos decía el domingo pasado cuando curó al ciego de nacimiento. Quien ande desorientado y a oscuras por los caminos de la vida, quien no sepa a dónde va, venga a mí y su vida se llenará de luz y de sentido.

"Yo soy la vida", nos dice hoy devolviéndosela a su amigo Lázaro, que ha muerto.

La vida es el derecho más sagrado de la persona, pues Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ha dado en la cruz por nosotros, para que tengamos vida en abundancia: vida eterna.

La vida es el gran don del amor de Dios. Por amor nos creó y nos llamó a la vida con él. Creo en Dios, "Señor y dador de vida".

Si Dios es creador de la vida, si Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza, es decir, para la vida, ¿quién es la criatura para suplantar al creador?

Conforme avanzan los conocimientos, conforme las sociedades se van desarrollando cada vez más, conforme la vida va mejorando, algunos se empeñan en desarrollar una cultura de la muerte.

Un nuevo ser empieza a desarrollarse en el seno de una madre, pero estorba, no se está preparado, produce trauma... aborto, eliminación, y todo queda solucionado.

Una persona inválida, enferma de gravedad, que sufre y hace sufrir... eutanasia activa y feliz ella y felices nosotros.

Los delitos graves atemorizan a la sociedad; quien los comete puede ser reincidente; ¿cómo solucionar el problema? Algunos piden la pena de muerte.

Y la guerra... Nos hemos acostumbrado a ella y nos parece lo más normal del mundo utilizarla para dirimir conflictos y para robar los bienes de otros.

El terrorismo, los ajustes de cuentas, las violencias de todo tipo, desprecio de la vida humana por intereses particulares.

También justificamos la muerte en aras de buscar la vida. Y, así, para curar enfermedades, se manipulan y eliminan embriones que son seres vivos en desarrollo.

Desde Jesucristo: "Yo soy la resurrección y la vida", no podemos dejar de denunciar toda situación que intente eliminarla.

Quienes justifican el aborto, la eutanasia activa, la guerra, el terrorismo, el ajuste de cuentas, el desarrollo de la ciencia a cualquier precio, se nos echarán encima, pero no podemos dejar de proclamar que Dios es el único dueño de la vida, que Jesucristo ha venido para que tengamos vida. La vida humana es sagrada en todos los momentos y en todas las situaciones.

 

REFLEXIÓN - 2

¡SAL FUERA!

«¡Lázaro, sal fuera!». Y el difunto escuchó la voz del amigo, porque el amor es más fuerte que la muerte. Sal fuera. El Amigo puede sacarnos de todos los sepulcros. «Yo mismo abriré vuestros sepulcros».

--Sal fuera del sepulcro de la rutina y la tibieza. Demasiado tiempo encerrado en tus cómodas costumbres. Demasiado bien estructurado en tus esquemas religiosos. Demasiado hecho a tus ritos y tus leyes. Demasiado acostumbrado a tratar con lo santo y el misterio. Sal fuera, amigo. Quiero que vivas intensamente. Mira que yo «voy a crear algo totalmente nuevo».

--Sal fuera del sepulcro de tus desesperanzas y escepticismos. Vives en el desencanto y te ríes de las utopías, de los «relatos». Ya no quieres soñar, sino aprovechar lo que se vaya presentando. Un sepulcro muy postmoderno. La verdad es que te han cortado las alas. Tu sepulcro es una jaula, y ya no puedes volar. Sal fuera, amigo. «Todo es posible al que cree»; todo es posible al que ama.

--Sal fuera del sepulcro de tus miedos e incapacidades. Los años te van quitando fuerzas. Has sufrido en muchas batallas. Te parece que ya no puedes, que ya no sirves, que ya no conectas con los tiempos. Pues eso es señal de que estás envejeciendo. Estás perdiendo fe en ti mismo. Estás perdiendo fe en mí. Sal fuera, viejo amigo. «No temas. Yo soy tu fuerza y tu victoria».

-- Sal fuera del sepulcro de tus tristezas y aislamientos. La tristeza es una especie de muerte, es empezar a vestirse con crespones negros. Y la soledad es una casa mortuoria. No arrastres un luto permanente. No cortes los lazos que te atan a la vida. No te vayas a morir por falta de riego.

-- Sal fuera, amigo. Yo soy la vida. Yo soy la fiesta. Yo te regalo un sinfín de amigos y una alegría interminable.

--Sal del sepulcro de todos tus egoísmos. Has cerrado las puertas y ventanas del alma. Te asfixias en una atmósfera viciada. El egoísta, el que no ama, está muerto. ¿Por qué te empeñas en vivir momificado? Sal fuera, pobre amigo. Voy a poner un poco de fuego en ese frío corazón. Mi vida es un fuego de amor.

--Salid, amigos todos, de vuestros sepulcros. Los de la duda, los del vicio, los del consumo. No os encerréis en vuestras limitaciones y vuestras negatividades. Dad de nuevo sentido a vuestras vidas. Todo puede tener nuevo sentido, desde que Lázaro salió del sepulcro. Siempre se puede empezar de nuevo. Empezad a creer en las Bienaventuranzas. Desde que Jesús gritó:

«Yo soy la resurrección y la vida», ya todo se puede esperar, ya todo se puede explicar, incluso el dolor y la muerte. Yo he venido para que viváis más, para que viváis mejor. Vivid, amigos míos.

CARITAS

(mercabá)

 

REFLEXIÓN - 3

¿SÓLO ESTA VIDA?

 

"Yo soy la resurrección y la vida".

Estamos demasiado cogidos por el «más acá» para preocuparnos del «más allá». Sometidos a un ritmo de vida que nos aturde y esclaviza, abrumados por una información asfixiante de noticias y acontecimientos diarios, fascinados por mil atractivos objetos que el desarrollo técnico ha puesto en nuestras manos, no parece que necesitemos un horizonte más amplio que «esta vida» en que nos movemos.

¿Para qué pensar en «otra vida»? ¿No sería mejor encauzar todas nuestras fuerzas a organizar lo mejor posible nuestra existencia en este mundo? ¿No deberíamos esforzarnos al máximo en llevar la vida que se nos ha dado ahora lo más humanamente posible y callarnos respecto a todo lo demás? ¿No es mejor aceptar la vida con su oscuridad y sus enigmas y dejar «el más allá» como un misterio del que nada sabemos?

Sin embargo, el hombre contemporáneo, como el de todas las épocas, sabe que en el fondo de su ser está latente siempre la pregunta más seria y difícil de responder: ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros ?

Cualquiera que sea nuestra ideología, nuestra fe o postura ante la vida, el verdadero problema al que estamos enfrentados todos es nuestro futuro. ¿Qué final nos espera? P.L. Berger nos ha recordado con profundo realismo que «toda sociedad humana es, en última instancia, una congregación de hombres frente a la muerte».

Por ello, es ante la muerte precisamente donde aparece con más claridad «la verdad» de la civilización contemporánea que, curiosamente, no sabe qué hacer con ella si no es ocultarla asépticamente y eludir al máximo su trágico desafío.

Más honrada nos parece la postura de hombres como nuestro Eduardo Chillida que, en alguna ocasión, se ha expresado en estos términos: «De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada».

Es aquí donde hemos de situar la postura del creyente que sabe enfrentarse con realismo y modestia al hecho ineludible de la muerte, pero lo hace desde una confianza radical en Cristo resucitado.

Una confianza que, difícilmente, puede ser entendida «desde fuera» y que sólo puede ser vivida por quien ha escuchado, alguna vez, en el fondo de su ser las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida».

JOSE ANTONIO PAGOLA

(mercabá)