PALABRA DE DIOS 

29 - Marzo

CUARESMA
QUINTO DOMINGO

 
"  "Yo soy la resurrección
y la vida "

 

 

PRIMERA LECTURA
Ezequiel 37, 12-14

La Palabra de Dios de hoy está centrada en el tema de la vida. 
      En las catequesis bautismales de estos domingos, hoy se nos resalta que, por el bautismo, incorporados a la muerte y resurrección de Jesucristo, alcanzamos una vida nueva, que llega a la eternidad. 
      Ya Ezequiel hablaba de sepulcros que se abren y de una nueva creación, cuando Dios infunda su espíritu de vida.

 

PRESENTACIÓN

El texto que se proclama hoy es la conclusión de la visión de los huesos secos.

El contexto histórico nos coloca en Babilonia hacia la mitad del siglo VI a. C., durante el destierro.

El Señor, por medio del profeta Ezequiel, se dirige a aquellos desterrados de Judá que han perdido la esperanza y se sienten como muertos en vida.

El profeta se encuentra desterrado a orillas del río Kebar, frente a una vasta planicie.

En la visión, se encuentra en medio de un valle lleno de huesos humanos completamente secos. Es la imagen del pueblo en el destierro. Parece que todo está perdido y acabado; pero los huesos son la parte más profunda del ser, la más resistente; por lo tanto, no se ha perdido todo.

El Señor le pregunta al profeta:"¿podrán revivir estos huesos?"; "Yhavhé, tú lo sabes", responde él.

Anunciará que Yhavhé va a infundir su espíritu, como en una nueva creación, y esos huesos se volverán a llenar de nervios, carne y piel.

Por el pecado había roto Israel con Dios , fuente de la vida, y por eso se encuentra en el destierro en situación de muerte, como huesos secos. Pero el Señor, que es fiel y no olvida sus promesas, con el soplo de su espíritu, les dará una nueva vida y volverán a su tierra.

Esta visión trasciende hacia la gran recreación mesiánica.

El Espíritu del Señor ha siso infundido en el nuevo Israel para que sea testigo de la vida nueva que nos trae Jesucristo.

También esta visión prepara la doctrina de la resurrección de la carne.

EZEQUIEL 37, 12-14
Os infundiré, mi espíritu, y viviréis

Así dice el Señor: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago." Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 129

PRESENTACIÓN

"Del Señor viene la misericordia,
       la redención copiosa"

El salmo, que tiene tono penitencial; es, sobre todo, una expresión de confianza en Dios.

En el trasfondo, la larga espera de Israel de una liberación definitiva; saben que, si no es por Él, no llegarán a ninguna parte.

Él ha caminado siempre a su lado; han sido ellos los que se han alejado de Yhavhé. Y cuando ha sucedido esto, se han encontrado hundidos, en el abismo; no les han salvado aquellos en quienes habían puesto su confianza.

Y, así, desde lo hondo, gritan al Señor para que escuche sus súplicas.

Pero el primer camino para solicitar el perdón y la ayuda es reconocer la propia realidad de pecado y la necesidad del perdón, con la confianza puesta en Aquel de quien procede ese perdón.

Como el centinela espera la aurora, Israel espera el perdón de Yhavhé; como el centinela espera la aurora, el creyente espera la venida de Cristo, que trae la redención copiosa.

"Del Señor viene la misericordia,
         la redención copiosa."

SALMO 129

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. 
R.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
así infundes respeto. 
R.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma guarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. 
R.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. 
R.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

 

SEGUNDA LECTURA
Romanos 8, 8-11

Quien vive en el pecado, no puede agradar a Dios: vive en la muerte.
       Quien ha sido unido a Cristo por el bautismo, vive en el Espíritu.
       Si el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos vive en vosotros, también vivificará nuestro cuerpo, como el de Cristo.

 

PRESENTACIÓN

En el versículo cuatro, San Pablo ha hablado  de los caminos de la carne y de los del Espíritu.

La carne designaría el proceder de aquel hombre que ha optado por sí mismo, por su autosuficiencia, sin referencia a Dios, que es el Espíritu, es decir, los comportamientos del antiguo Adán que decidió comer del fruto del árbol para "ser como Dios".

Y una persona que ha roto con la fuente de la vida, que es Dios, tiene un único destino: la muerte eterna, un vivir sin Dios, para el que había sido creada.

Vivir en el Espíritu es aceptar que Dios vive en nosotros, que estamos abiertos a la comunión con él.

Es verdad que la existencia es una continua tensión entre la vida según la carne y la vida según el Espíritu. Cuántas veces sentimos deseos de ser autónomos, de marcar nuestros pasos, aun a riesgo de dejar en ellos la vida.

Por otra parte, habiendo recibido el Espíritu, sabemos que Dios es el único camino de vida y vida en plenitud.

Y, así, aunque la muerte física sea una condición de nuestra naturaleza humana, ésta no es el final del camino, pues si habita en nosotros el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos, también vivificará nuestros cuerpos mortales.

Por lo tanto, concluirá San Pablo, no vivamos según la carne, sino según el Espíritu que nos hace hijos de Dios y herederos con Cristo.

Si con él morimos, viviremos con él.

ROMANOS 8, 8-11

El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios.Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
* Juan 11, 25a. 26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mí no morirá para siempre.

 

EVANGELIO
Juan 11, 1-45

Y dentro del tema de la vida, la resurrección de Lázaro.
      Cristo nos trae la Vida, más allá de esta.
      La muerte no tiene la última palabra.
    Y, como hoy, como siempre, unos creen en él y otros rechazan su mensaje de vida y siguen optando por la muerte.

 

PRESENTACIÓN

El tema de la catequesis bautismal de este último domingo de cuaresma es la Vida.

"Yo soy la fuente de agua viva", samaritana, tercer domingo de cuaresma; "Yo soy la luz del mundo", curación del ciego de nacimiento, cuarto domingo de cuaresma; "Yo soy la resurrección y la vida", Lázaro vuelve a la vida, quinto domingo de cuaresma.

Jesús inicia su subida a Jerusalén, que es camino hacia su propia muerte, como ya lo había anunciado a los discípulos. "Vayamos también nosotros a morir con él", dice Tomás.

Pero la muerte de Jesús no va a quedar en el sepulcro. Él, muriendo, va a dar la vida para que los muertos resuciten. Él va a ser el vencedor de la muerte.

En la resurrección de Lázaro San Juan prefigura el drama pascual y trae imágenes que más tarde aparecerán en la resurrección de Jesús: las lágrimas ante la tumba, el sepulcro y la pesada piedra que lo cierra, las vendas...

Su amigo Lázaro, hermano de Marta y María, ha caído enfermo y ha muerto. Su muerte servirá para gloria de Dios y del Hijo, como la ceguera de la semana pasada.

Marta cree que si hubiera estado Jesús su hermano no habría muerto, pero no pasa de ahí; su fe en la resurrección es la de la doctrina farisea. Pero también cree que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo. Por eso va a creer en las palabras de Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida"; por eso, el que crea en él, aunque haya muerto, vivirá.

Devolviendo a Lázaro a la vida nos dice que él es el Señor de la vida y de la muerte. Él es la auténtica resurrección.

Las reacciones de la gente: unos creyeron, otros decidieron hacerle morir.

 JUAN 11, 1-45

Yo soy la resurrección y la vida

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]

Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea."

[Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él."]

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."

[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano."]

Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar."

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra de Dios

SÍ A CRISTO, SÍ A LA VIDA

Si Jesucristo es la resurrección y la vida; si ha entregado su vida por nosotros en la cruz para que tengamos vida abundante y en plenitud; si la vida eterna es nuestro destino, ¿cómo los seguidores de Jesús vamos a estar de acuerdo y apoyar la cultura de la muerte?

Frente a los que provocan la muerte como un daño colateral a sus proyectos, a sus ambiciones, a sus pasiones, los cristianos tenemos que gritar un sí a la vida, que también es un sí a Jesucristo.

Por decir sí a Jesucristo, muchos de nuestros hermanos, a lo largo de la historia, han aceptado la muerte física, muchas veces con persecuciones y violencias, porque creían aquellas palabras del Señor: pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitar la vida.

La incorporación a Jesucristo por el bautismo, nos ha unido a Él, Camino, Verdad y Vida; ha hecho brotar en nosotros un manantial de agua viva; ha encendido una luz, que deja en la oscuridad a las pequeñas luces de este mundo; nos ha llenado de una vida nueva que nos hace hijos de Dios y herederos de su Reino.

Cuando decimos sí a la vida, recordamos que la vida humana es sagrada desde el momento de su concepción hasta la muerte.

El sí a la vida significa defenderla y apoyarla desde el primer momento de la concepción; que no se puede eliminarla mediante el aborto; que no se pueden manipular embriones humanos para experimentos científicos. Los seres humanos más débiles deberían ser los más protegidos. 

El sí a la vida significa estar cercanos, ayudar, a los que sufren, sea por la causa que sea: la enfermedad, el paro, la soledad, el destierro, la lejanía de los suyos...

El sí a la vida es un sí a la paz, al diálogo, la comprensión, el respeto, como forma de dirimir los conflictos en la familia, la sociedad y entre las naciones.

El sí a la vida lleva a respetar la naturaleza, casa común que el Padre nos ha dado para que la desarrollemos en favor de la fraternidad; para que, respetándola,  todos la compartamos y podamos vivir en ella dignamente.

El sí a la vida significa sí a la persona, sí al otro, aunque sea diferente en su cultura, en su raza, en su lengua, en su credo religioso, en sus ideas. Siempre respeto a la persona, aunque tengamos que decir no a sus planteamientos y comportamientos.

El sí a la vida es reverencia a los mayores, a los que ayer hicieron posible el hoy; a los que son el eslabón entre los que nos precedieron y nosotros. Hay que respetarlos, valorarlos, aprender de su experiencia. Qué pena que para algunos sean estorbos a los que hay que ayudar a pasar a mejor vida.

"Yo soy la resurrección y la vida", ha dicho Jesús a Marta; Lázaro, enterrado hacía cuatro días y oliendo mal, obedece a la voz de Jesús:"¡Lázaro, sal fuera!".

De quienes oyeron y vieron a Jesús, algunos le siguieron, creyeron en él; otros fueron a contárselo a las autoridades, que decidieron matarlo.

También hoy habrá quien diga sí a Jesús, sí a la vida, y otros, también autoridades, buscarán desacreditar, quitar del medio, a quienes denuncien la cultura de la muerte gritando: "Sí a la vida".

En la Eucaristía Jesús se nos da como el verdadero Pan de Vida.