INTRODUCCIÓN 

29 - Marzo

CUARESMA
QUINTO DOMINGO

 
"  "Yo soy la resurrección
y la vida "

 

 

INTRODUCCIÓN

SENTIDO CRISTIANO DE LA SEMANA SANTA

Podría parecer una perogrullada hablar del sentido cristiano de la Semana Santa. Pero no cabe duda que, aunque se mantenga el nombre, para no pocos va perdiendo su sentido originario y propio. Para muchos es tiempo de vacaciones de primavera. Para otros, esta semana se identifica con las procesiones. Y, a tenor por la participación en los actos litúrgicos en estos días, no son tantos los que la entienden y viven todavía desde su sentido genuino.

Esta Semana es la más importante del año para todo cristiano y para la comunidad cristiana. Es ‘santa’, antes de nada, porque ha sido santificada por los acontecimientos que en estos días se conmemoran en la liturgia: la pasión, muerte y resurrección del Señor. Ellas son la prueba definitiva del amor de Dios a los hombres, manifestado en la entrega total de su Hijo hasta la muerte. Cristo nos redime así del pecado y de la muerte, y nos devuelve la vida de comunión con Dios y con los hombres: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida.

Este misterio de amor se hace actual en la liturgia del Triduo pascual, que va desde la tarde del Jueves Santo al Domingo de Pascua. Para poder entrar de lleno en el misterio del amor misericordioso de Dios, el cristiano debe celebrarla con verdadero espíritu de fe y con recogimiento interior participando plenamente y debidamente preparado en los actos litúrgicos. El creyente no puede limitarse a participar en las procesiones.

El Triduo pascual es el corazón de la fe, de la vida cristiana y de la liturgia; pero también de las cofradías y de los desfiles procesionales, que ponen imágenes, silencios y música a los momentos más decisivos de la vida del Nazareno. Las procesiones, si son genuinas, son la prolongación de lo que en la liturgia se celebra. En ella tienen su fuente; separadas de ella pierden su genio, su nervio y su vitalidad, y quedan reducidas, en el mejor de los casos, a mera tradición sin vida o mera evocación sentimental de unos hechos del pasado. Sin la fe cristiana, la Semana Santa no tiene sentido ni espíritu; y sin la liturgia carece de su manantial de vida. 

+ Casimiro López Llorente - Obispo

 

INTRODUCCIÓN

COMO EL CIEGO DEL CAMINO

AquÍ estoy, Jesús, como el ciego del camino.

Pasas a mi lado y no te veo.

Tengo los ojos cerrados a la luz

y siento en ellos como duras escamas que me impiden verte.

Al sentir tus pasos, al oír tu voz,

siento en mi como un manantial que nace,

como un pájaro que se escapa volando,

como una vida a chorro, que grita por ti.

Yo te busco, yo te deseo, yo te necesito

para atravesar tantas calles en mi vida.

Jesús, me ciegan tantas cosas:

Es la vida con sus luces de colores.

Es el placer con su fuerza irresistible.

Es el dinero con sus cadenas que aprisionan.

Estoy comenzando a vivir, Jesús,

y todos quieren mi vida:

Llega hacia mí cada día

ese mundo calculado y sin piedad de la propaganda.

Llega hacia mi cada día ese mundo de lo fácil, de lo cómodo, de lo rastrero.

Y me dejo arrastrar y agarrar como la mosca que cae presa en la tela de araña.

Yo siento en mí una lucha dura y sin piedad

por seguir en la brecha o rendirme incondicional.

Jesús, ábreme los ojos a tu vida.

Quiero poner mis ojos en los tuyos, y leer en ellos tu amistad.

Quiero ver tu rostro con ojos limpios.

Quiero abrir mis ojos a la luz de tu Evangelio.

Quiero mirar la vida de frente y con sentido.

 

INTRODUCCIÓN

DECÁLOGO CUARESMAL

1. Dejar de ver la televisión nos hará ser más objetivos, y más reflexivos. La familia tendrá una oportunidad para aquella palabra no dicha por falta de tiempo.

2. Olvidar unos pitillos contribuirá a la limpieza de los pulmones y el riesgo de otras tantas enfermedades.

3. El hablar bien de Dios, además de estar en consonancia con el segundo mandamiento, será signo  de cultura, equilibrio, delicadeza y de recurso lingüístico.

4. Racionalizar los “cubatas”, el vino o cualquier licor (amén de no multiplicar la vista por dos) nos arrancará del puro consumismo.

5. Hablar menos y rezar más puede ser un modo práctico de conservar bien las cuerdas vocales y la salud cristiana. La oración es el mejor cosmético para el corazón y el alma. Un Padrenuestro al inicio del día y otro más antes del descanso nos acercará a Dios que es nuestro Padre y a los demás que son, por si lo hemos olvidado, nuestros hermanos.

6. Escuchar la Palabra de Dios, y no dejarnos llevar por la última opinión de turno, dará seguridad a nuestros pasos y proyección a nuestra vida cristiana.

7. Hacer menos gimnasia y deporte (al contrario de lo que señalaba cierto político) y un poco más de ejercicio espiritual (según un estudio reciente) prolonga la vida, calma el flujo sanguíneo y procura un mayor enriquecimiento personal  (eucaristía diaria, cinco minutos de oración en una iglesia, rezo del ángelus, vía crucis, rosario, laúdes, vísperas, contemplación)

8. Olvidarnos de tanto rostro político, divos, revistas de corazón, etc., y  leer, por ejemplo, el programa de Jesús de Nazaret narrado y dibujado con letra y con sangre en los Evangelios. Nos daremos cuenta que es el único que no engaña.

9. Recuperar el símbolo de la cruz y llevarla especialmente en el pecho durante estos 40 días. Lejos de ser un adorno puede ser una “pancarta” de la vida que quiere conquistar quien lo lleva colgado.

10. Perdonar las pequeñas cosas del ayer que se convierten en permanentes sufrimientos del hoy. El perdón, entre otras cosas, aligera peso a la conciencia y hace más feliz la vida.

 

¿Estamos dispuestos?

¡Hacia la Pascua con ellos!                                                                 (J.Leoz)


 

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LA TRAVESÍA DE LA CUARESMA

Déjate conducir por el Espíritu al desierto, donde la soledad, el silencio, la oración, la mirada al horizonte, la trascendencia, las palabras esenciales, la Palabra de Dios se convierten en el pan y en el agua, apoyos necesarios para subsistir en tiempo de inclemencia.

Entra en tu cuarto, en tu habitación interior, donde sólo Dios ve y escucha tu plegaria. Ahí, en lo secreto, eleva cada día tu súplica, rinde tu cuerpo y tu mente en adoración, y ábrete a lo que Él desee decirte, por medio de la providencia de su Palabra, que puedes leer en las Sagradas Escrituras. En este tiempo, la Liturgia nos ofrece la lectio continua como mejor acompañamiento.

No te inventes respuestas ni propósitos precipitados; espera, este tiempo dura lo suficiente para que puedas llegar a comprender cómo y en qué debes cambiar tu vida. La obediencia es esencial, pero sólo si llevas a cabo lo que escuchas dentro o haces enteramente tuyo lo que oyes desde fuera, no sentirás violencia al cumplirlo, sino plenitud.

Quizá recibirás la insinuación que te invita a la austeridad, a compartir tus bienes, a gestos solidarios, que serán la mejor expresión de la ascesis. Siempre tendrás junto a ti o te llegará la noticia de personas necesitadas. El amor se manifiesta generoso.

Quizá necesitas el bálsamo del perdón. No dudes en pedirlo, la misericordia de Dios es eterna, y Él no desoye la súplica de los que lo invocan, sino que escucha siempre favorablemente el gemido de quien solicita, humilde, la gracia.

Este tiempo encierra la clave de la inteligencia de todo acontecimiento, porque es una etapa, aunque duradera, abierta a la luz pascual. No se te invita a un ejercicio introvertido para crecer en estima personal, sino a un camino de contemplación y seguimiento detrás de quien nos desvela que el amor consiste en dar la vida por los demás, Jesucristo, actitud por la que se experimenta la humanidad lograda.

La entrega, que en un primer momento parece costosa, se convierte en fuente de alegría. Paradójicamente, la cruz es signo de victoria. Por el Crucificado que vence a la muerte, todo puede comenzar de nuevo.

Unidos en la travesía de la cuarentena cuaresmal, camino de la Pascua.

 

 

INTRODUCCIÓN

EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA

Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal.

Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.

La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, Ia vivencia de Ia caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Magno: "Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de Ia caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados".Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de Ia coherencia con la propia vocación cristiana" (San Juan Pablo II).