INTRODUCCIÓN 

15 - Marzo

CUARESMA
TERCER DOMINGO

 
"  " Dame de beber"

 

 

INTRODUCCIÓN

DECÁLOGO CUARESMAL

1. Dejar de ver la televisión nos hará ser más objetivos, y más reflexivos. La familia tendrá una oportunidad para aquella palabra no dicha por falta de tiempo.

2. Olvidar unos pitillos contribuirá a la limpieza de los pulmones y el riesgo de otras tantas enfermedades.

3. El hablar bien de Dios, además de estar en consonancia con el segundo mandamiento, será signo  de cultura, equilibrio, delicadeza y de recurso lingüístico.

4. Racionalizar los “cubatas”, el vino o cualquier licor (amén de no multiplicar la vista por dos) nos arrancará del puro consumismo.

5. Hablar menos y rezar más puede ser un modo práctico de conservar bien las cuerdas vocales y la salud cristiana. La oración es el mejor cosmético para el corazón y el alma. Un Padrenuestro al inicio del día y otro más antes del descanso nos acercará a Dios que es nuestro Padre y a los demás que son, por si lo hemos olvidado, nuestros hermanos.

6. Escuchar la Palabra de Dios, y no dejarnos llevar por la última opinión de turno, dará seguridad a nuestros pasos y proyección a nuestra vida cristiana.

7. Hacer menos gimnasia y deporte (al contrario de lo que señalaba cierto político) y un poco más de ejercicio espiritual (según un estudio reciente) prolonga la vida, calma el flujo sanguíneo y procura un mayor enriquecimiento personal  (eucaristía diaria, cinco minutos de oración en una iglesia, rezo del ángelus, vía crucis, rosario, laúdes, vísperas, contemplación)

8. Olvidarnos de tanto rostro político, divos, revistas de corazón, etc., y  leer, por ejemplo, el programa de Jesús de Nazaret narrado y dibujado con letra y con sangre en los Evangelios. Nos daremos cuenta que es el único que no engaña.

9. Recuperar el símbolo de la cruz y llevarla especialmente en el pecho durante estos 40 días. Lejos de ser un adorno puede ser una “pancarta” de la vida que quiere conquistar quien lo lleva colgado.

10. Perdonar las pequeñas cosas del ayer que se convierten en permanentes sufrimientos del hoy. El perdón, entre otras cosas, aligera peso a la conciencia y hace más feliz la vida.

 

¿Estamos dispuestos?

¡Hacia la Pascua con ellos!                                                                 (J.Leoz)


 

INTRODUCCIÓN

LA TRAVESÍA DE LA CUARESMA

Déjate conducir por el Espíritu al desierto, donde la soledad, el silencio, la oración, la mirada al horizonte, la trascendencia, las palabras esenciales, la Palabra de Dios se convierten en el pan y en el agua, apoyos necesarios para subsistir en tiempo de inclemencia.

Entra en tu cuarto, en tu habitación interior, donde sólo Dios ve y escucha tu plegaria. Ahí, en lo secreto, eleva cada día tu súplica, rinde tu cuerpo y tu mente en adoración, y ábrete a lo que Él desee decirte, por medio de la providencia de su Palabra, que puedes leer en las Sagradas Escrituras. En este tiempo, la Liturgia nos ofrece la lectio continua como mejor acompañamiento.

No te inventes respuestas ni propósitos precipitados; espera, este tiempo dura lo suficiente para que puedas llegar a comprender cómo y en qué debes cambiar tu vida. La obediencia es esencial, pero sólo si llevas a cabo lo que escuchas dentro o haces enteramente tuyo lo que oyes desde fuera, no sentirás violencia al cumplirlo, sino plenitud.

Quizá recibirás la insinuación que te invita a la austeridad, a compartir tus bienes, a gestos solidarios, que serán la mejor expresión de la ascesis. Siempre tendrás junto a ti o te llegará la noticia de personas necesitadas. El amor se manifiesta generoso.

Quizá necesitas el bálsamo del perdón. No dudes en pedirlo, la misericordia de Dios es eterna, y Él no desoye la súplica de los que lo invocan, sino que escucha siempre favorablemente el gemido de quien solicita, humilde, la gracia.

Este tiempo encierra la clave de la inteligencia de todo acontecimiento, porque es una etapa, aunque duradera, abierta a la luz pascual. No se te invita a un ejercicio introvertido para crecer en estima personal, sino a un camino de contemplación y seguimiento detrás de quien nos desvela que el amor consiste en dar la vida por los demás, Jesucristo, actitud por la que se experimenta la humanidad lograda.

La entrega, que en un primer momento parece costosa, se convierte en fuente de alegría. Paradójicamente, la cruz es signo de victoria. Por el Crucificado que vence a la muerte, todo puede comenzar de nuevo.

Unidos en la travesía de la cuarentena cuaresmal, camino de la Pascua.

 

 

INTRODUCCIÓN

EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA

Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal.

Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.

La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, Ia vivencia de Ia caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Magno: "Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de Ia caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados".Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de Ia coherencia con la propia vocación cristiana" (San Juan Pablo II).