REFLEXIONES  

8 - Diciembre

LA INMACULADA
CONCEPCIÓN
DE LA VIRGEN MARÍA
(A)




"Alégrate, llena de gracia"

 

 

REFLEXIÓN - 1


EL PLAN ORIGINAL DE DIOS

La fiesta que estamos celebrando hoy es como para que todos nos llenemos de alegría y esperanza. No sólo es la fiesta de una mujer, María de Nazaret, concebida por sus padres ya sin mancha alguna de pecado porque iba a ser la madre del Mesías. Es la fiesta de todos los que nos sentimos de alguna manera representados por ella.

La Virgen, en este momento inicial en que Dios la llenó de gracia, es el inicio de la Iglesia, o sea, el comienzo absoluto de la comunidad de los creyentes en Cristo y los salvados por su Pascua.

Ya desde la primera página de la historia humana, como hemos escuchado en la lectura del Génesis, cuando los hombres cometieron el primer pecado, Dios tomó la iniciativa y anunció la llegada del Salvador, descendiente del linaje de Adán, el que llevaría a término la victoria contra el mal. Y junto a él ya desde esa página aparece la "mujer", su madre, asociada de algún modo a esta victoria.

S. Pablo nos ha dicho aún con mayor cercanía cuáles son estos planes salvadores de Dios: él nos ha elegido, nos ha llenado de bendiciones, nos ha destinado a ser sus hijos, herederos de su Reino, como hermanos que somos de Cristo Jesús. S. Pablo no ha nombrado a la Virgen en este pasaje, pero nosotros sabemos, y hoy lo celebramos con gozo, que ella fue la primera salvada, la que participó de manera privilegiada de ese nuevo orden de cosas que su Hijo vino a traer a este mundo. Lo hemos dicho en la oración primera de la Misa: "preparaste a tu Hijo una digna morada y en previsión de su muerte, preservaste a María de todo pecado".

-La primera cristiana

Pero si estamos celebrando el "sí" que Dios ha dado a la raza humana en la persona de María, también nos gozamos hoy de cómo ella, María de Nazaret, cuando le llegó la llamada de Dios, le respondió con un "sí" decidido.

Su "sí" se puede decir que es el "sí" de tantos y tantos millones de personas que a lo largo de los siglos han tenido fe en Dios, personas que tal vez no veían claro, que pasaban por dificultades, pero se fiaron de Dios y dijeron como ella: hágase en mí según tu Palabra...

María, la mujer creyente, la mejor discípula de Jesús, la primera cristiana. No era ninguna princesa ni ninguna matrona importante en la sociedad de su tiempo. Era una mujer sencilla de pueblo, una muchacha pobre, novia y luego esposa de un humilde trabajador. Pero Dios se complace en los humildes, y la eligió a ella como madre del Mesías. Y ella, desde su sencillez, supo decir "sí" a Dios.

Hoy celebramos el recuerdo de esta mujer y nos alegramos con ella.

-La fiesta de todos

Pero a la vez se puede decir que esta fiesta es también nuestra. La Virgen María, en el momento de su elección radical y en el de su "sí" a Dios, fue (como diremos en el prefacio de hoy) "comienzo e imagen de la Iglesia". Cuando ella aceptó el anuncio del ángel, de parte de Dios, se puede decir que empezó la Iglesia: la humanidad, representada en ella, empezó a decir sí a la salvación que Dios le ofrecía con la llegada del Mesías.

Si Eva significa "madre de todos los vivientes", podemos gozarnos de que en María, la nueva Eva, que iba a estar junto al nuevo y definitivo Adán, Jesús, estamos como concentrados todos nosotros, los que a lo largo de los siglos formamos la comunidad creyente de Jesús. En ella quedó bendecida toda la humanidad: la podemos mirar como modelo de fe y motivo de esperanza y alegría.

Tenemos en María una buena Maestra para este Adviento y para la próxima Navidad.

Nosotros queremos prepararnos a acoger bien en nuestras vidas la venida del Salvador. Ella, la Madre, fue la que mejor vivió en sí misma el Adviento, la Navidad y la Manifestación de Jesús como el Salvador de Dios. Mirándole a ella, y gozándonos hoy con ella, nos animaremos a vivir mejor este Adviento y esta Navidad.

Que nuestra Eucaristía de hoy, sea, por todos estos motivos, una entrañable acción de gracias a Dios, porque ha tomado gratuitamente la iniciativa con su plan de salvación, porque lo ha empezado a realizar ya en la Virgen María, y porque nos da la esperanza de que también para nosotros su amor nos está cercano y nos quiere colmar de sus bendiciones.J. ALDAZABAL(+)

 

 

REFLEXIÓN - 2

LA MUJER NUEVA

1. La escena de la anunciación tiene lugar en una casa humilde, en un pueblo ignorado. El saludo del ángel va dirigido a «una virgen» totalmente fiel a Dios y perteneciente al pueblo de los pobres de Israel. El ángel le llama «llena de gracia», porque goza del favor de Dios. Será la madre de Jesús, que significa «Dios salva». Su fecundidad será obra del Espíritu de Dios. Es la «sierva del Señor».

2. Para nuestro pueblo, María es la Madre (con el niño) que concibe y fructifica; la Dolorosa (viuda a la que le matan el hijo), llena de dolores injustamente infligidos, y la Purísima (sin mancha), inmune a todo pecado por una gracia singular de Dios. Por el contrario, todos los seres humanos están dañados en su raíz. La contemplación de una mujer inmaculada, purísima, revela la decisión de Dios de hacer una nueva creación. La Inmaculada es «el orgullo de nuestra naturaleza corrompida», la creación nueva sin pecado.

3. Todas las festividades marianas tienen una connotación de fiesta popular dulce y entrañable. María, el polo femenino de un catolicismo «masculino», lleva a cabo lo imposible: engendrar bajo la sombra del Espíritu de Dios. No vive en sueños, sino muy despierta, siempre receptiva al mensaje de Dios, escuchando y hablando lo justo, constantemente en movimiento, «llevando» o «visitando», y vive la entrega hasta el final, al pie de la cruz. Por ser la Inmaculada, es asunta a los cielos.

4. El Vaticano II recomendó que al hablar de la Virgen se evitase «toda falsa exageración» y una «excesiva estrechez de espíritu». María es una mujer sencilla encarnada en el pueblo, madre de los creyentes por la palabra recibida y cumplida, figura de liberación y modelo de compromiso.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Tenemos un justo aprecio de María?

¿Qué rasgos de María debemos ensalzar hoy? (CASIANO FLORISTAN)

(mercabá)

 

REFLEXIÓN - 3


ENCANTO, BELLEZA, REFLEJO DIVINO

Hay momentos en que los seres humanos tienen un encanto especial: ¡la juventud! Son seres primaverales. Todo está revestido de belleza, de inocencia apenas estrenada, de sueños. Un ángel quedó extrañado ante aquella mujer joven que encontró y la llamó “Agraciada”, “Llena de Gracia”. Nos parece que la conocemos, pero María sigue siendo todo un misterio. ¡Escuchemos la Palabra!

La cámara del evangelista quiere filmar a Jesús, y desde Jesús quiere trasladarse al espacio humano en el que su vida nació, germinó. Ahora enfoca a una joven de pocos años: tal vez 14 o 15, Tiene en sí misma el encanto y belleza y ductilidad de la juventud. Pero esta mujer tiene también “algo especial”. Gracia, lo llama el evangelista. Encanto, belleza, reflejo divino, podríamos llamarlo nosotros. Esta mujer está iluminada por un Dios encantador. El Señor está con ella. Y, por eso, especialmente interesado en todo lo que le ocurra. Esta mujer es una de las “elegidas”, “la elegida” para ser “madre de Dios”, “madre del Hijo de Dios”.

La Iglesia hoy centra también su cámara en María y quiere rastrear su vida, hasta los orígenes. Con la sabiduría que caracteriza a una comunidad de tantos siglos de existencia, la Iglesia descubre que esta mujer ha tenido una existencia enteramente plumada por la Gracia. Que la Gracia que ahora la envuelve, es “de nacimiento”.

En la aparente debilidad de la escogida para ser madre de Jesús, se oculta una mujer fuerte: la única que ha vencido al Dragón, a la Bestia apocalíptica, la insobornable ante las seducciones satánicas, la incorruptible. Hablar de María, la Inmaculada, es descubrir toda la energía antimal de Dios, residiendo en una joven que si tiene mucho futuro, ya tiene un espléndido pasado.

Hoy descubrimos cómo nos dejamos corromper fácilmente. El mal nos acosa de mil formas y muchas veces sucumbimos. La memoria de María Inmaculada nos estimula a reconocer que voluntad de Dios, también para nosotros, es que seamos “santos e inmaculados en su presencia”. También nosotros –si no ponemos obstáculos- podemos estar envueltos en la Gracia y Encanto de Dios. Nos es concedida la victoria contra cualquier tipo de corrupción. El poder del Altísimo nos puede cubrir con su sombra y la fuerza de su Espíritu nos es ofrecida para vencer. Basta que digamos, como ella: ¡Hágase en mi según tu palabra! (José Cristo Rey García Paredes)

(mercabá)