REFLEXIONES  

22 - Diciembre

DOMINGO 4º
ADVIENTO
(A)


"No tengas reparo en llevarte a María "

 

 

REFLEXIÓN - 1

SECUESTRADO

Yo os doy una señal, dice el Señor, la virgen da a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, "Dios-con-nosotros"

La primera pregunta que me ha venido a la mente ha sido: ¿Dónde hemos escondido al Dios-con-nosotros?

Nos es difícil verlo en nosotros, en los demás, en el mundo; hay cada día más gente que no ve a Dios, que no siente su presencia en el mundo.

Hemos escondido a Dios bajo la capa de nuestro pecado, de nuestro egoísmo; lo tapamos con nuestra indiferencia, nuestra comodidad; lo tapamos con tantas personas y cosas que ponemos por encima de él; lo tapamos cuando volvemos la espalda a la pobreza, el sufrimiento o la injusticia; lo tapamos cuando nuestra vida cristiana es floja, anodina, puramente costumbrista.

Por eso, cuando a las puertas de la Navidad, siguen cayendo bombas, cuando la cuna del Dios-con-nosotros sigue siendo un polvorín, cuando la libertad está amenazada por los totalitarismos y el pensamiento único, cuando el terrorismo sigue en su ceguera de muerte, cuando la miseria, la enfermedad y el hambre se ceban en la mayor parte del mundo, aunque a los poderosos se les llene la boca hablando de erradicación de la pobreza, me pregunto: Señor, ¿dónde estás?, ¿dónde te hemos escondido?

Pero también me hago la misma pregunta cuando veo las ciudades del primer mundo llenas de luces de colores; cuando la gente va de un sitio a otro como locos comprando y comprando, aunque no haga falta; cuando en estas fiestas tan familiares ponemos por delante amplias sonrisas y por detrás vamos clavando puñales; cuando construimos una alegría de fecha de calendario, de consumo y borrachera.

No, Dios no se ha ido; Dios está en medio de nosotros, pero hemos de liberarlo de la cárcel en la que le hemos metido. Hay que abrirle las puerta; que salga y nos salve.

Cuando yo salga de mi indiferencia y comodidad, cuando me implique en ser mejor y hacer un poco mejor mi entorno, estaré abriendo la puerta al Dios-con-nosotros; cuando construyamos justicia, paz y fraternidad, estaremos abriendo las puertas al Dios-con-nosotros; cuando seamos más sinceros, cuando la sencillez y la austeridad sean el adorno de nuestra casa, cuando rompamos tantos y tantos ídolos que nos fabricamos, entonces veremos que Dios está aquí, en medio de nosotros.

Él no se ha ido, lo hemos secuestrado.

 

REFLEXIÓN - 2

EL DIOS-CON-NOSOTROS

Jesús, el Hijo de Dios, se hace hombre y así cumple las promesas e inaugura el tiempo de la salvación, que es el que nosotros estamos viviendo hasta el final de la historia. El salmo nos ha hecho decir: "va a entrar el Señor, el Rey de la Gloria". Ya hace dos mil años que vino, pero ahora de nuevo quiere entrar en nuestra existencia, hoy y aquí. Su nombre, según la profecía de Isaías que acabamos de escuchar, es "Emmanuel, Dios-con-nosotros". ¿Podemos gozarnos de un nombre y de un acontecimiento más esperanzador? También Pablo nos ha asegurado que Cristo Jesús, en cuanto hombre, ha nacido de la estirpe de David: es el misterio de un niño cuyo nacimiento celebramos, que es a la vez hombre de nuestra raza y el Hijo eterno de Dios. Y viene, nos ha dicho, "a salvar a todos", para "que todos los gentiles respondan a la fe".

El evangelio de Mateo también nos revela cuál es el nombre del que nace en Belén. El ángel se lo dice a José: el hijo de María se llamará "Jesús", que significa "Dios salva", y también "Emmanuel, Dios-con-nosotros", anunciando así que la profecía de Isaías se cumple en Jesús de Nazaret.

En la víspera de Navidad los cristianos de todo el mundo nos alegramos de esto, por encima de otros varios aspectos de la fiesta, amables pero más románticos y superficiales. Celebramos que Dios es Dios-con-nosotros, un Dios Salvador. Es la fiesta mejor que podemos imaginar.

Pero hoy nuestra celebración está impregnada de un recuerdo entrañable: el de la Madre del Mesías, la Virgen María.

Ya Isaías anunciaba que "la virgen dará a luz un hijo, y este hijo será el Emmanuel, el Dios-con-nosotros".

En María se cumple como ha dicho Mateo en el evangelio, la profecía de Isaías, una virgen que da a luz un hijo, que es el Dios-con-nosotros. María es la nueva Eva: en el prefacio (el IV) glorificaremos a Dios "por el misterio de la Virgen Madre. Porque si del antiguo adversario nos vino la ruina, en el seno virginal de María, la hija de Sión, ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz. La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María..." El recuerdo de María es muy oportuno para que terminemos bien el Adviento y celebremos con fe y profundidad la Navidad. En esta fiesta, en unión con todas las comunidades cristianas del mundo, miramos a la Madre del Señor, la Virgen María, nos gozamos con ella y aprendemos de ella a acoger al Salvador con fe y con amor, abriendo nuestra existencia a su gracia.

Al lado de la Virgen está también José, su esposo. Un joven humilde, trabajador de pueblo, que nos da un ejemplo de actitud abierta hacia Dios y sus planes. Él no entiende del todo el papel que Dios le asigna en la venida del Mesías. El evangelio nos ha contado sus dudas: no porque sospeche nada de María, o porque ignore lo que en ella ha pasado.

Precisamente porque José ya conoce el misterio sucedido y sabe que el hijo que va a tener María es obra de Dios, por eso, en su humildad, no quiere usurpar para sí una paternidad que ya sabe que es del Espíritu y se quiere retirar: no comprende que él pueda caber en los planes de Dios. Es el ángel el que le asegura que sí cabe: va a ser esposo de María y por eso va a hacer que el Mesías venga según la dinastía de David. José acepta los planes de Dios. Como tantos otros en la Historia, que se encuentran desconcertados, pero se fían de Dios. José acepta lo que se le encomienda y vive la Navidad desde una ejemplar actitud de creyente.

Junto con María, también José es un modelo para todos nosotros, abierto a la Palabra de Dios, obediente desde su vida de cada día a la misión que Dios le ha confiado. También de él podemos decir como de su esposa: "feliz tú porque has creído".

En la Navidad celebramos un acontecimiento siempre nuevo: Dios que se hace Dios-con-nosotros, Dios-Salvador. El recuerdo de María y de José nos ayudará a que esta fiesta no sea vacía, una Navidad sin Jesús. Sino una Navidad en la que gozosamente celebramos que Dios se ha hecho de nuestra familia, que ilumina toda nuestra existencia, y que nos pide una acogida de fe y de amor.

J. ALDAZABAL (+)

 

REFLEXIÓN - 3

MARÍA Y JOSÉ

Nos hallamos ya a las puertas de la Navidad. El ambiente respira ya todo lo bueno y lo menos bueno que los hombres hacemos para celebrar este día gozoso. Y las lecturas de hoy, en este cuarto domingo de Adviento, acabamos de escuchar, nos invitan también a gustar ya el gozo de la fiesta, el gozo de la venida de aquél que es una gran noticia para todo el mundo. Celebremos, pues, con toda alegría este domingo, y preparémonos para las fiestas que se acercan.

(...) El segundo personaje es María, la que será la madre de Jesús. ¿Os habéis fijado que en el evangelio que acabamos de escuchar María no dice nada, y casi parece que no intervenga? Y a pesar de eso, a pesar de este silencio, el papel de María es grande, es decisivo: María es la que trae a Jesús al mundo, Jesús viene al mundo a través de María. Porque ella fue capaz de aceptar humildemente que el Espíritu Santo, que la fuerza del Espíritu Santo, actuara sobre ella y la fecundase e hiciera nacer dentro de ella al Mesías, al Salvador.

¿No os parece que eso que hizo María es también lo que le corresponde hacer a la Iglesia y a cada cristiano? La Iglesia, y cada uno de nosotros, debemos dejar actuar al Espíritu Santo para que nos fecunde y nos haga capaces de ser testigos transparentes de la salvación que viene por Jesús. ¡Y cuántas veces la Iglesia pone barreras y no permite que el Espíritu Santo la fecunde! ¡Y cuántas veces nosotros también preferimos agarrarnos a nuestras rutinas, a nuestros temores y prejuicios, y no vamos con el corazón limpio y abierto, y no sabemos mostrar a JC a los hombres! Y entonces, en lugar de darles a JC, les damos nuestras formas de pensar, o nuestras manías, o nuestras cobardías... Durante estos días de Navidad deberíamos pedir la ayuda de María, para que aprendamos a obrar como ella.

Y llegamos al tercer personaje, a José. Podría decirse -o por lo menos eso me parece- que es el protagonista del evangelio de hoy. José, que normalmente tiene la imagen de un personaje de segunda fila, aparece hoy como el hombre que tiene la fortaleza y la confianza necesarias para aceptar el inesperado plan de Dios, y actuar decididamente según la voluntad del Señor en cuanto la ha descubierto. Y así, él hará posible que alcancen su cumplimiento las promesas que Dios había hecho al pueblo de Israel. Él es el hijo de David -con este título le saluda el ángel-, y él es el que supo responder a la llamada de Dios con una fe firme como la de los patriarcas. Una fe que se apoya en la palabra de Dios, una fe que se fía de lo que Dios ha dicho, y que cree que Dios no deja nunca de cumplir lo que ha prometido. Y que así es capaz de caminar por el camino del Señor. Aunque sea a tientas, a oscuras.

Y ésa creo que es también la llamada más importante que nos hace el evangelio de hoy, a las puertas de la Navidad. Una llamada a creer en la palabra del Señor, en las promesas del Señor. Él viene, él está aquí, y nos asegura su fuerza de salvación. Él, que viene para hacerse uno de los nuestros. Y que sólo nos pide que humildemente, con el corazón limpio, sepamos escucharlo para descubrir cada uno cuál es la voluntad de Dios en nuestra vida, cuál es el camino que cada día debemos emprender. Como José. Como María.

J. LLIGADAS