MARÍA, UN CORAZÓN DISPONIBLE

Es obvio que la figura central del domingo cuarto de Adviento es María, como lo ha sido el Bautista el domingo pasado.

Ella es ejemplo de tener el corazón abierto para recibir al Señor, encontrarse con Él y hacerse una misma cosa con Él. Y la apertura de su corazón está apoyada en la fe, el amor y la esperanza

La fe y la confianza en la Palabra de Dios que siempre se cumple, porque las promesas de Dios son fruto del amor a su pueblo.

El amor al Dios de las promesas, que es el centro de su corazón, al que ama sobre todas las cosas y a quien ha entregado su vida.

La esperanza en que las promesas de Dios se cumplen siempre. Sólo hay que saber esperar el momento que Dios considere oportuno.

Para su sorpresa, las promesas se van a cumplir en Ella. En su diálogo con el ángel le manifiesta su desconcierto y sus miedos, y su no entender lo que se le dice. Y todo ese diálogo lo podemos resumir con la sencillez de dos frases: "Aquí está la esclava del Señor", "Hágase en mí según tu palabra".

Y esas promesas también se cumplieron en S. Pablo en Damasco cuando, derribado del caballo dice: Señor ¿qué quieres de mi? Y desde entones cambió su vida convirtiéndose de perseguidor en anunciador y defensor de la Buena Noticia.

Cuando está ya próxima la celebración del nacimiento de Jesús, la Palabra de Dios nos invita a poner nuestros ojos en María para encontrar en Ella las actitudes y la disponibilidad que hemos de tener en Navidad:

- Ella debe ser ejemplo de nuestro encuentro con el Señor, al que hemos de llegar desde la oración confiada y humilde.

- Dios viene a nuestro encuentro porque nos quiere y nosotros descubrimos la alegría de ese amor que nos llena y nos trasfigura en el perdón y en su misericordia.

- Dios quiere que seamos personas de fe y de confianza teniendo los cimientos en la seguridad del amor d Dios. Y desde ese amor, amar a los demás. 

- Dios quiere que amemos a los demás como Él ama para que su salvación llegue a cuantos nos rodean a través de las pequeñas acciones y gestos cargados de amor que hemos aprendido de Él y que regalamos en abundancia.

Al comienzo del Adviento nos dirigíamos al Señor con la oración: ¡Ojalá se rasguen los cielos y vengas a salvarnos!

Esa Salvación se hizo verdad en un momento concreto de la historia, y se hace realidad hoy en cada uno de nosotros si se abre nuestro corazón a la presencia del Señor, para que se renueve y rebrote como el tronco de Jesé y sea esperanza y alegría para todos.

Que la alegría de estas fiestas no sea una farsa, vacía, hueca y sólo de apariencia. Que nuestra alegría nazca del fondo de nuestro corazón y sea verdadera porque es la alegría de la Salvación.

A lo largo de estas semanas no hemos hecho alusión al compromiso de la confesión, pero recibir el Sacramento del Perdón puede ser una buna manera de prepararnos para que la alegría de la Navidad sea una alegría completa.

- ¿Qué quiere Dios de Mi?

- Aquí estoy. Que se haga su voluntad. 

Y desde entonces María se convierte en el lugar del encuentro de los hombres con Dios.