HAY QUE PREPARAR LOS CAMINOS

Cuando el señor tenía que emprender un viaje era costumbre, en aquel tiempo, mandar por delante a los criados para que le preparan el camino y anunciaran su llegada.

Con medios de comunicación de entonces tan rudimentarios, se hacía necesario allanar el sendero, quitar los abrojos y espinas, apartar las piedras y los riscos, enderezar lo que estaba torcido, suavizar y abajar lo que podía ser una pendiente peligrosa, y ver el modo de cruzar y superar un barranco o una zanja peligrosa.

Cuando llega Juan el Bautista, retomando las palabras de Isaías y urge a aquellas gentes preparar el camino al Señor; está también dirigiéndose a cada uno de nosotros, ya que en nuestra vida hay grandes obstáculos que hacen difícil el encuentro con el Señor; y al mismo tiempo anuncia a voces la premura de su llegada.

Es muy clara la razón por la que el Bautista se dirige a nosotros:

Tenemos en nuestro corazón las piedras las rocas de nuestro orgullo, nuestras ambiciones, nuestra soberbia, nuestro empeño de querer ser como Dios y decidir por nuestra cuenta lo que está bien y lo que está mal.

Tenemos torcidas de nuestras intenciones, deseos.

Nuestros desánimos, cansancios, pereza, inconstancias, impaciencia, desilusiones son los valles y zanjas que hemos de rellenar. …

Nuestra prisa y nuestra tozudez de que el Señor haga las cosas pronto y como a nosotros nos gusta, son obstáculos que hemos de evitar.

Esforzarnos por ir haciendo desaparecer esos obstáculos es una tarea y una responsabilidad que nos incumbe a nosotros, porque son obstáculos que hemos puesto nosotros. No echemos culpas responsabilidades a los demás para justificar lo que no hacemos.

¿Estamos en el buen camino?

Juan el Bautista, el mensajero que envió por el Señor por delante para gritar: "El Señor está cerca! Convertíos; pedid perdón por vuestros pecados! "…era admirado por sus discípulos y por cuantos le escuchaban. Podía haber aprovechado la situación para convertirse en líder de un movimiento revolucionario que saciara las ansias de salvación y de libertad que entonces tenía el pueblo d Israel.

Pero no fue así. Repetía constantemente: No soy yo. Viene Otro.

Su misión era gritar: ¡Ya está ahí! Y señalarlo.

A nosotros nos resulta fácil caer en la tentación de creernos salvadores de todos y de todo. Incluso del mundo. No nos resulta fácil tener la actitud humilde de Juan y señalar a Jesús como el verdadero salvador. Y sin embargo esa es nuestra misión; la misión de todos cuantos están comprometidos en la misión evangelizadora: Los pastores de la Iglesia, los misioneros, los catequistas, los educadores cristianos, los padres de familia…

Esta segunda semana de Adviento podemos proponernos como objetivo remover alguno de los obstáculos de impiden la presencia del Señor en nosotros, y revisar cómo llevamos a cabo nuestra misión evangelizadora, suplicando que nos conceda la humildad de ser instrumentos en sus manos, y que sólo seremos instrumentos eficaces si estamos llenos de Él.