REFLEXIONES  

Segundo Domingo
ADVIENTO (c)


 
"Vino la Palabra de Dios sobre Juan...: 
"Preparad el camino del Señor"

 

 

 

REFLEXIÓN - 1

"PREPARAD EL CAMINO "

¿Es pesimista pensar que en nuestra sociedad la esperanza cristiana es un concepto poco menos que vacío de significado práctico para muchos? Sin duda, hay bastantes que, a pesar de vivir en un mundo conmocionado por el desencanto, tienen «esperanza». Esperan que los tiempos mejoren. Que el panorama social y político se clarifique. Que la crisis económica se resuelva. No se preguntan qué modelo de sociedad y de hombre nuevo desean. Tampoco luchan en realidad por un mundo mejor. Lo que ellos esperan es poder asegurar mejor sus intereses y poder beneficiarse más de un crecimiento económico y de un nivel de vida cada vez más elevado.

Siguen teniendo «muchas esperanzas». Son tantas las cosas que quisieran conseguir en la vida. Pero, naturalmente, son esperanzas que no van más allá de sus intereses individuales ni del disfrute intenso de esta vida.

Si se les obliga a preguntarse por una «esperanza última», muchos de ellos nos hablarán de que esperan «un final feliz» para su existencia gracias al amor misericordioso de Dios.

Pero este «final feliz» no les atrae ni mucho ni poco. Se contentarían con lo que viven. Están bien donde están. No sienten demasiada necesidad de esa «salvación» de la que habla la religión. No sospechan que ser creyente es ir caminando solidariamente hacia la felicidad y liberación total en Dios.

Necesitamos redescubrir que ser cristiano es orientar e impulsar nuestra vida actual hacia su plenitud final. Escuchar una llamada a "preparar caminos" que nos acerquen a los hombres al estilo de vida y convivencia promovido por Jesús. No se tiene verdadera esperanza cuando no se vive colaborando de alguna manera a la gestación de ese hombre nuevo.

Es fácil sentir la impotencia ante la complejidad de la sociedad actual y lo poco que uno puede hacer. Pero todos podemos ayudarnos algo a ser más humanos, crear un nuevo tipo de solidaridad entre nosotros, transformar costumbres, humanizar comportamientos ante los bienes y las personas, reaccionar de manera casi instintiva frente a abusos, mentiras y manipulaciones.

Lo que debemos tener siempre claro es que «la espera de una nueva tierra no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana» (Gaudium et Spes).

JOSE ANTONIO PAGOLA

(mercabá)

 

 

REFLEXIÓN - 2

"UNA FIESTA EXIGENTE"

Como el domingo pasado, también hoy las lecturas nos han hecho escuchar un anuncio gozoso.

La primera describía la alegría que Dios quiere para su pueblo, con diademas en la cabeza, con el rostro en alto por la ilusión, con la fiesta que El piensa organizar, con los caminos que prepara para la liberación de su pueblo... Como dice el salmo, "estamos alegres: el Señor ha estado grande con nosotros".

El pueblo de Israel podía decir eso con verdad, aún en medio de una experiencia dolorosa de ruina y fracaso. Entendieron el pregón de alegría: "Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su gloria".

Nosotros tenemos todavía más motivos para creer en estos planes optimistas de Dios. A no ser que seamos ciegos o hayamos optado por entender sólo palabras tristes, y no el programa de fiesta que ha preparado Dios.

La salvación de Dios, la gracia que nos quiere comunicar en esta Navidad próxima, nos alcanza exactamente en medio de la historia que estemos viviendo, buena o mala, triste o gloriosa. A alguno le llega el Adviento en una crisis de cansancio o desilusión. A otro, en momentos de euforia y serenidad. Es igual: la convocatoria que hoy ha sonado es una garantía de que Dios nos quiere, que nos prepara caminos de gracia y fiesta. Como en el caso de la Virgen, cuya fiesta nos hablará dentro de pocos días de un "sí" total que Dios le dio aun antes de que ella existiera, y en ella, a toda la humanidad. Dejarnos convencer de este plan salvador de Dios y alegrarnos, es uno de los "éxitos pastorales" de las celebraciones de Adviento y Navidad: cantos, moniciones, oraciones, lecturas, homilías...

La salvación es don de Dios, no conquista nuestra: es un don gratuito. Pero a la vez exige una respuesta activa.

Si en la primera lectura era Dios mismo el que preparaba los caminos para su Pueblo, en el evangelio, por la voz del Bautista, se nos proclama una urgente llamada a que cada uno acepte la salvación de Dios (al Salvador enviado por El) con una clara opción, con un compromiso de cambio de mentalidad. Somos invitados a allanar caminos, enderezar senderos. No porque necesariamente seamos grandes pecadores. También la pereza, la mediocridad, la falta de esperanza, la conformidad autosuficiente, merecen este toque despertador del Adviento. Si escuchamos esta llamada, entonces sí que "todos verán la salvación de Dios".

Pablo nos ha presentado un programa exigente: llevar adelante la obra iniciada, seguir creciendo más y más en sensibilidad cristiana, apreciando los valores verdaderos, para que el día del Señor (¿la Navidad?, ¿el momento de nuestra muerte?, ¿el final de la historia?, ¿cada día porque siempre podemos encontrarnos con Dios?) nos encuentre limpios, irreprochables, cargados de frutos de justicia.

El Adviento y la Navidad no nos pueden dejar igual. Algo tiene que cambiar en nuestra esfera personal y en la comunitaria. En algo se tiene que notar que estamos madurando y creciendo en esos valores cristianos. Que es lo que siempre la Eucaristía, con su doble mesa de la Palabra y el Cuerpo y Sangre del Señor, nos quiere ayudar a conseguir.

J. ALDAZÁBAL (+)
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