REFLEXIONES

Segundo Domingo
de Adviento (b)

 


"Yo envío mi mensajero delante de ti"

 

 

REFLEXIÓN - 1

¡PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR!

"Una voz grita: En el desierto, preparadle un camino al Señor"

La imagen del desierto se había convertido para los israelitas en el camino de la libertad, de la tierra prometida, de la vuelta a casa.

Egipto y Babilonia eran prototipo del lugar de la esclavitud y de la lejanía de Dios.

En Egipto, esclavos, para la construcción de grandes ciudades, en Babilonia, los trabajos más duros y penosos.

Cuántas veces habían sido obligados a arreglar los caminos por los que iba a entrar el rey victorioso o por los que iban a pasar en procesión los dioses babilonios.

Ahora hay una llamada a la esperanza: van a arreglar el camino del desierto, van a preparar una nueva calzada, pero esta vez no va a ser para los reyes babilonios ni para el dios Marduk. Esta vez es para su Dios.

El va con ellos, van a cruzar el desierto, se van a casa, a Jerusalén.

También Juan Bautista es presentado como "la voz que grita"; y su grito es igualmente: "Preparad el camino al Señor"

Preparar el camino al Señor y ponerse en marcha con Él hacia la Jerusalén del cielo.

Por eso, arreglar caminos significa "conversión", vuelta a la austeridad del desierto, al vestido de piel de camello, a los saltamontes y miel silvestre, como Juan. Para el camino que hay que emprender, sólo el Señor es necesario.

Estamos en Adviento y nos preparamos para celebrar la venida del Señor, en Belén y al final de los tiempos.

También hoy se arreglan calles, se adornan, se llenan de luces y colores, los comercios se ponen las mejores galas. ¿Es porque viene el Señor?, ¿aprovechan que viene el Señor para sacar el mayor beneficio económico?, ¿camino del Señor o camino del consumo?

Hoy están muy arreglados los caminos por los que discurren las procesiones de los ídolos, caminos muy iluminados, muy atractivos. Cuántos fieles acompañan, como en procesión, al dios dinero, al dios placer, al dios poder...

Hoy, como ayer, hacen falta voces que griten: "En el desierto, preparad un camino al Señor".

El viene a sacarnos de nuestros sufrimientos y esclavitudes, de nuestras faltas de libertad y vacíos interiores.

En nuestros desiertos, preparemos un camino al Señor. Él es compañía segura.

En nuestros desiertos, convirtámonos al Señor, a una vida nueva que refleje su presencia en nosotros.

En los desiertos del mundo, esforcémonos por construir el camino del Señor, el mundo que Dios quiere, inspirándonos en las palabras y en la vida de Jesús.

 

 

REFLEXIÓN - 2

LA BUENA NOTICIA DE JESUCRISTO

Leemos el principio del evangelio de Marcos, que es el único de los cuatro que empieza directamente por la presentación de aquel que abre el camino a Jesús: Juan Bautista. Marcos es también el único que utiliza la palabra "evangelio" para iniciar su escrito. "Evangelio" (=buena nueva, gran noticia) no quiere decir tan sólo unos relatos sobre Jesús, sino más bien una proclamación de lo que Jesús es y significa. Por eso indica el evangelista los tres títulos que resumen quién es el personaje que será proclamado a lo largo de las páginas siguientes: Jesús (persona concreta), Cristo (realizador de las promesas), Hijo de Dios (punto de referencia universal, presencia de Dios para todo hombre, como se verá en la profesión de fe del centurión al pie de la cruz).

Juan Bautista es quien invita a mirar hacia este Jesús. La primitiva tradición cristiana aplicó a él el texto de Isaías que hoy leemos en la primera lectura: aquella presencia del Señor que el profeta veía realizada en el retorno del exilio, ahora se realizará plenamente en Jesús (el texto, sin embargo, no es solamente de Isaías: se le ha añadido un versículo de Mal 3,1).

Juan es un profeta probablemente relacionado con los monjes ascetas de Qumrán, que presiente cercana la irrupci6n de Dios para transformar el mundo, y llama a la conversión y a prepararse. Lo hace con tonos duros y su misma imagen ascética personal tiene también este tono. Es posible que este personaje "más poderoso" que anuncia, lo imaginase él como una reaparición de Elías (sin embargo, Jesús dirá que Elías es Juan: Mt 11,14; cfr. todo 11,1-19).

Lo importante es el anuncio final: Juan invita a prepararse, y el agua es la señal de la conversión-preparación; Jesús, en cambio, vendrá a transformarlo todo y a todos con la fuerza del Espíritu de Dios.

JOSEP LLIGADAS

(Mercabá)

 

REFLEXIÓN - 3

CAMINO DE ADVIENTO

- Pregón de consuelo

El primer anuncio que hoy hemos escuchado ha sido de confianza y optimismo: "Consolad, consolad a mi pueblo", "súbete a lo alto, heraldo, alza la voz, di a las ciudades de Judá: aquí está nuestro Dios".

En verdad que a todos nos hace falta un toque de confianza, en este mundo en que vivimos, envueltos muchas veces en la angustia y la preocupación.

Es la convocatoria: un pregón de consuelo, una invitación a la esperanza. ¿Cuál es el motivo? El centinela anuncia "la llegada". El centinela se llama Isaías, y nos dice: aquí está nuestro Dios. El centinela se llama Juan el Bautista, y su mensaje dice: el Salvador que Dios envía está llegando, y se llama Jesús de Nazaret. Es lo que anuncia el evangelio.

Esta sí que es una buena Noticia. "Evangelio" significa "buena noticia". Y hoy nos ha sido proclamada a todos: que Dios es un Dios que salva, que sigue actuando, que su enviado se llama Cristo Jesús, que viene con fuerza, que está ya en medio de nosotros, y que quiere construir unos cielos nuevos y una tierra nueva.

-Llamada a la conversión

Pero tanto Isaías como el Bautista no han pronunciado sólo palabras de consuelo. Nos han llamado a la conversión: "preparad los caminos para el Señor que viene..." La espera del Señor no es una actitud pasiva y conformista. Es una espera activa, llena de energía. Es la espera del que camina ya hacia la persona que viene.

Si la llamada del domingo pasado se podía resumir en el slogan: "Vigilad", la de hoy se puede sintetizar con otra consigna también clara y enérgica: "convertíos".

Convertirse no significa necesariamente que seamos grandes pecadores y debamos hacer penitencia.

Convertirse, creer en Cristo Jesús, significa volverse a él, aceptar sus criterios de vida, acoger su evangelio y su mentalidad, irla asimilando en las actitudes fundamentales de la vida.

Por eso la voz del Bautista, que resuena hoy por todo el mundo, es incómoda en el fondo: nos invita a un cambio, a una opción: "preparad el camino del Señor, allanad sus senderos..." Y Pedro ha resumido el programa de esta venida en su carta de hoy: "un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia".

-Algo tiene que cambiar en este Adviento

Si Cristo viene, y viene con fuerza, su venida nos compromete. No es que esperemos el fin del mundo. El mismo Pedro nos ha disuadido de ir con esos cálculos. Lo importante no es saber cuándo volverá Cristo en su gloria: sino de ir haciendo camino en la dirección que Él nos muestra. Ir cumpliendo el programa que Él nos ha trazado y que está lejos de haberse cumplido.

¿Que es lo que cambiará en nuestra sociedad, en este adviento? ¿De veras se allanarán senderos, de veras daremos pasos eficaces hacia esa tierra nueva, hacia esa sociedad mejor, con mayor justicia y fraternidad? ¿Qué es lo que va a cambiar en nuestras familias, en nuestras comunidades? ¿Se notará que hemos aceptado a Cristo como criterio de vida, con sus actitudes y su mentalidad? ¿Qué es lo que cambiará en nuestra vida personal? Pedro ha terminado su pasaje de hoy diciendo: "mientras esperáis, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables...".

Vivimos ya una espiral tentadora de compras y regalos. La sociedad de consumo nos envuelve en su red, a pesar de la crisis. Pero ¿es esa la preparación de la Navidad cristiana? Esperar a Cristo y alegrarse con su venida, salir a su encuentro, es algo mucho más profundo...

-La Eucaristía

Para este camino de conversión a Cristo tenemos nuestro "viático": la Eucaristía. La Palabra de Dios, que se nos proclama y que acogemos con fe; la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, esto es lo que nos da ánimos y nos sostiene en la peregrinación de cada semana. Mientras esperamos la gloriosa manifestación del Salvador, al final de la historia, todos somos convocados este año a una marcha hacia adelante: el Señor viene a nosotros, con tal que también nosotros vayamos hacia Él.

J. ALDAZABAL (+)